—¿Estás seguro de lo que has hecho?
—No lo sé, pero es lo que al final he hecho.
Cuando le conté a Mara la mañana siguiente que le dije a Roberto que se quedase, creyó que me había vuelto. Poco después me dijo que yo era libre de lo que hacía y de quien tendría que asumir consecuencias. Finalmente su mirada acabó convirtiéndose en una mezcolanza de pena y empatía.
—Le he dicho que venga a la barbacoa de hoy.
—Pero aquí no hay nadie que sepa que tú eres...
La miré con cara de extrañeza. Qué pasaba si se enteraban de que era homosexual. Al fin y al cabo, eso no iba a cambiar mi forma de ser.
—Leo, no me mires así. Estamos en un pueblo en medio de la nada. Ésto no es Madrid. Por mucho que tengan tu misma edad, no han dejado de criarse en un pueblo. La mayoría de ellos apenas han salido de aquí. Nunca sabes cómo puede reaccionar la gente, algunos puede que al principio no te quieran dirigir la palabra y otros que no quieran ni estar a tu lado.
—Tienes razón, pero ahora mismo Roberto y yo somos tan sólo amigos. No deben por qué saber nada.
—Sólo amigos, pero de momento.
—No me voy a liar con él y mucho menos delante de todo el mundo, ¿Vale?
—Vale, vale. ¡No te pongas así tigretón!
Me reí. Su postura parecía la de una persona que acababa de ser apuntada por un arma.
—Bueno, venga. Vamos ya al merendero que tengo que llevar el carbón para la barbacoa.
—Ve tú sola. Tengo que esperar a que venga Roberto.
—¿Cómo? ¿Me vas a dejar ir sóla? A ver si me van a hacer algo, que soy una muchacha de buen ver...—me miró con cara de perrito triste para darme pena.
—Anda, que él no conoce el pueblo. Tú te has criado aquí y la mayor amenaza que puedes tener es la de un viejo verde con poca fuerza para mantenerse en pie y menos para aprovecharse de una chica con tal mal genio como tú.
—Qué encantador eres cuando quieres—dijo con tono sarcástico—. Me voy ya, que Micael traía sardinas y el fuego tendrá que prepararse antes de que llegue.
—¿Viene Micael?
—Como siempre. Es muy raro, pero es muy majo y siempre sale con nosotros si ya lo sabes. Bueno me voy, ahora nos vemos.
Salió de casa y ni la saludé. Me quedé paralizado al oír su nombre. No sé lo que me pasaba con él aún. Nunca me había enamorado de un heterosexual ni nada así. Él tenía algo que me seguía resultando irresistible y cada vez lo era más. Obviamente, no estaba enamorado, pero era una sensación nueva que no sabría definir. No era sólo apetencia física, sino algo más que se quedaba parado en un punto, ya fuese por locura o por la poca cordura que me quedaba.
Sin darme cuenta y aún sumergido en mis pensamientos sin motivo de ser, Roberto llamó a la puerta.
—¿Qué haces así vestido?—le miré atónito. Vestía bermudas negras ceñidas, zapatos blancos y camisa beis.
—Lo primero que se suele decir al ver a alguien es Hola. ¿Qué pasa con cómo voy vestido?
—Vamos de barbacoa, te lo dije...
—Sí, pero yo no me voy a poner donde el fuego.
—Ya, pero vamos al campo a comer y tú te has puesto un modelito que se mancha con mirarlo.
—¿Vamos al campo?—me miró como si le hubiese dicho que el presidente había muerto— Creía que sería en algún chalet.
No me pude contener la risa. Cómo podía ser así. Allí sólo había pequeñas casas de adobe. No sé dónde creería que había algún chaletazo para fiestas. Ese despiste e incredulidad, me parecía tierno al venir de él.
—No pasa nada. Vámonos. Ya debe estar casi toda la gente allí.
Cuando llegamos, ya estaban allí todos a punto de comer, así que fue una presentación para muchos espectadores. Le presenté como un "amigo" que había venido de Madrid para pasar unos días.
Le miraron con cara de como si fuese un bicho raro. La verdad es que allí estaba totalmente fuera del cuadro con las pintas que llevaba.
La comida fue bien. Bastante desenfadada. Ya me había acostumbrado a hablar con esas caras y Roberto no tardó a empezar a familiarizarse en aquel ambiente. Él siempre fue el sociable de la relación.
—Micael, me gustan mucho las sardinas que has traído, están riquísimas.
—Gracias, Leo—me contestó desde el otro punto de la mesa.
Ese Gracias me sentó como una patada en el estómago. Era la típica respuesta para quedar bien. En toda la comida sólo me miró cuando llegamos Roberto y yo. Además, siempre me dedicaba una de sus sonrisas. A aquel Micael parecía pasarle algo.
—Me voy detrás de los árboles que me estoy meando—me dijo Roberto mientras se levantaba. Asentí al escucharle.
Por desgracia, la comida fue bien hasta que oímos un grito. Era de Roberto. Fuimos corriendo hasta que llegamos a verle. Se había tropezado con una piedra. Era lo más normal al ir en zapatos por allí. Se había hecho una herida en la pierna y le estaba sangrando, así como otra más pequeña que se había hecho en el brazo.
—Soy un torpe—soltó arrepentido cuando le vimos tirado en el suelo.
—Tranquilo—me ayudaron a levantarlo y le puse uno de sus brazos sobre mis hombros para que se apoyase.
Nos quisieron acompañar, pero les dije que no se preocupasen. Valdría con curarle la herida en mi casa y para eso no se necesitaba una banda de veinte personas.
Cuando llegamos al punto del merendero, vi a Micael de nuevo. No sé lo que le pasaría, pero era el único que no se había movido al oír el sonoro grito. Estaba preocupado por él.
No me paré. Roberto necesitaba un poco de relax después del golpetazo. Cuando antes estuviésemos en mi casa, antes estará tranquilo.
Obviamente, sólo le quería curar las heridas y nada más, o eso creía. En menos de diez minutos ya estábamos en mi morada.
Le eché agua oxigena en la pierna primero.
—¡Joder, no me eches eso, que pica!
—Anda calla quejica, que es agua oxigenada para desinfectarte las heridas—subí la cabeza y le sonreí. Él, aunque envuelto en su papel de tullido por una simple pupa, paró su interpretación para devolvérmela.
—Siempre has acabado cuidando de mí...
—Lo tenía que hacer alguien.
—Sí, pero lo hiciste tú.
No le contesté. Me limité a curarles las dos heridas y a ponerle una tirita en el brazo y una venda en la pierna. Cuando acabé, fue cuando volví a mirarle.
Estaba mirándome fijamente.
—Lo siento mucho, no te merecías lo que te hice.
—Roberto, déjalo ya, lo hecho está hecho y no hay que darle más vueltas.
Fui a levantarme del suelo cuando me cogió del brazo.
—Por favor, deja que lo demuestre.
Sin poder remediarlo, cuando quise darme cuenta me estaba besando. Continué el beso. Me tumbó en el sofá y empezamos a sentirnos, a besarnos, a sumirnos en nosotros mismos como los viejos tiempos.
Le necesitaba. Me odié a mi mismo por haber pensado más de una vez en repetir esos actos con él, pero en ese momento mi cohete había despegado y sólo quería sentir su desnudez y su placer sobre mi cuerpo.
sábado, 3 de agosto de 2013
jueves, 1 de agosto de 2013
Vacaciones en el norte 13 "Necesito pensar"
—¿Qué coño haces aquí?
Sin apenas salir del coche, empecé a gritarle, a inquirirle. No sé qué hacía en ese lugar, pero sobraba.
—Te lo puedo explicar. Estaba muy preocupado tras la llamada del otro día y además necesitaba verte.
—¿Verme? ¿A mí?—solté con los ojos inyectados en rabia y lágrimas.
Mara, al asimilar todo lo que había sucedido y deducir quién era aquel que esperaba con maletas en mi hogar estival, decidió meterse en medio.
—Mira, creo que tendrías que irte de aquí. Mañana sale un autobús para Oviedo por la tarde. Mi madre tiene un hostal en el pueblo, me encargaré de que te haga un buen precio.
Roberto la miró con cierta soberbia como si le pareciese que sobraba que ella le mandase lo que tenía que hacer. Pese a todo ello, no puso mucha resistencia para conseguir hablar conmigo.
—No necesito ningún autobús, vengo en coche—señaló un Volvo que había en la parte baja de la calle—, pero me iré allí a dormir. Estoy demasiado cansado para conducir. He visto el hostal al llegar al pueblo, no hace falta que me acompañes.
Levantó su maleta y se fue. Mientras, Mara y yo nos quedamos fijados en cómo se iba, esperando que se fuera y empezar a hablar.
—¿Qué hace aquí? ¿Cómo que te llamó?
Empecé a explicarla la llamada de hace unos días cuando estábamos en la playa. Cuando cogí ebrio ese teléfono que me hundió en la miseria y que no sabía que mi actitu tan pausada tuviese el efecto devastador de su visita.
Mara, absorta, se quedó conmigo para animarme y decirme que mañana Roberto ya estaría fuera de mi oasis asturiano. Quise creerla, pero aquella misma noche cuando dormía unos golpes me despertaron. Alguien estaba tirando chinas a la ventana de mi dormitorio. Fui a mirar y cómo no, era él quien estaba abajo.
—¿Qué quieres?
—Hablar contigo.
—Sabes que yo no quiero. Lárgate a dormir y déjame en...
—Por favor, tengo que hablar contigo—me interrumpió—, baja y damos un paseo.
Medité un momento y ,sin quererlo del todo, bajé. Mi cabeza me decía que no bajase, pero como de costumbre escuché al idiota de mi corazón, que aún latía más rápido cuando él estaba cerca.
Fuimos dando un paseo por las adoquinadas calles de Tazones hasta llegar a la plaza del pueblo, vacía en esas horas intempestivas. Nos sentamos en un frío banco de piedra que tardó en calentarse tras sentarme y que casi me da una tiritera.
—Habla, ¿Qué me tienes que decir?
—Leo, he dejado a Fran....
—¿Cómo?—Me quedé sobresaltado.
—Sí, que lo he dejado. Ya no era igual y bueno...
—¿Bueno qué?
—Que le he dejado por ti, Leo.
Me convertí en un mudo. No podía ser que aquel que me había dejado por otro, ahora quisiese volver conmigo.
—No sé qué decir...—contesté tras unos minutos de silencio intenso.
—Lo entiendo. Quizás este viaje haya sido un error y sobre todo tras tantos meses. Mañana me iré y no te molestaré más.
Se levantó y empezó a andar.
—¡Roberto espera!
Se paró al escucharme.
—Quédate unos días más. Necesito pensar.
Se giró, me sonrió y sin decir nada más se fue.
Yo mientras, no sabía qué estaba haciendo, tan sólo lo que sentía en aquel instante.
Sin apenas salir del coche, empecé a gritarle, a inquirirle. No sé qué hacía en ese lugar, pero sobraba.
—Te lo puedo explicar. Estaba muy preocupado tras la llamada del otro día y además necesitaba verte.
—¿Verme? ¿A mí?—solté con los ojos inyectados en rabia y lágrimas.
Mara, al asimilar todo lo que había sucedido y deducir quién era aquel que esperaba con maletas en mi hogar estival, decidió meterse en medio.
—Mira, creo que tendrías que irte de aquí. Mañana sale un autobús para Oviedo por la tarde. Mi madre tiene un hostal en el pueblo, me encargaré de que te haga un buen precio.
Roberto la miró con cierta soberbia como si le pareciese que sobraba que ella le mandase lo que tenía que hacer. Pese a todo ello, no puso mucha resistencia para conseguir hablar conmigo.
—No necesito ningún autobús, vengo en coche—señaló un Volvo que había en la parte baja de la calle—, pero me iré allí a dormir. Estoy demasiado cansado para conducir. He visto el hostal al llegar al pueblo, no hace falta que me acompañes.
Levantó su maleta y se fue. Mientras, Mara y yo nos quedamos fijados en cómo se iba, esperando que se fuera y empezar a hablar.
—¿Qué hace aquí? ¿Cómo que te llamó?
Empecé a explicarla la llamada de hace unos días cuando estábamos en la playa. Cuando cogí ebrio ese teléfono que me hundió en la miseria y que no sabía que mi actitu tan pausada tuviese el efecto devastador de su visita.
Mara, absorta, se quedó conmigo para animarme y decirme que mañana Roberto ya estaría fuera de mi oasis asturiano. Quise creerla, pero aquella misma noche cuando dormía unos golpes me despertaron. Alguien estaba tirando chinas a la ventana de mi dormitorio. Fui a mirar y cómo no, era él quien estaba abajo.
—¿Qué quieres?
—Hablar contigo.
—Sabes que yo no quiero. Lárgate a dormir y déjame en...
—Por favor, tengo que hablar contigo—me interrumpió—, baja y damos un paseo.
Medité un momento y ,sin quererlo del todo, bajé. Mi cabeza me decía que no bajase, pero como de costumbre escuché al idiota de mi corazón, que aún latía más rápido cuando él estaba cerca.
Fuimos dando un paseo por las adoquinadas calles de Tazones hasta llegar a la plaza del pueblo, vacía en esas horas intempestivas. Nos sentamos en un frío banco de piedra que tardó en calentarse tras sentarme y que casi me da una tiritera.
—Habla, ¿Qué me tienes que decir?
—Leo, he dejado a Fran....
—¿Cómo?—Me quedé sobresaltado.
—Sí, que lo he dejado. Ya no era igual y bueno...
—¿Bueno qué?
—Que le he dejado por ti, Leo.
Me convertí en un mudo. No podía ser que aquel que me había dejado por otro, ahora quisiese volver conmigo.
—No sé qué decir...—contesté tras unos minutos de silencio intenso.
—Lo entiendo. Quizás este viaje haya sido un error y sobre todo tras tantos meses. Mañana me iré y no te molestaré más.
Se levantó y empezó a andar.
—¡Roberto espera!
Se paró al escucharme.
—Quédate unos días más. Necesito pensar.
Se giró, me sonrió y sin decir nada más se fue.
Yo mientras, no sabía qué estaba haciendo, tan sólo lo que sentía en aquel instante.
sábado, 15 de junio de 2013
¿Cuántos diputados tendría cada partido con un reparto equitativo de los votos?
En España siempre ha habido un debate en torno a la ley electoral. Los partidos mayoritarios,
PSOE y PP, han defendido tradicionalmente esta ley. Los partidos minoritarios nacionales, por el
contrario, siempre han estado en contra de ésta.
La ley electoral vigente desde la reinstauración de la democracia ,hace ya más de treinta años, fija
que las circunscripciones electorales son las provincias y que cada una, según la cantidad de
habitantes, elige a un número determinado de diputados. Izquierda Unida y UpyD, partidos
minoritarios nacionales, se quejan de que el actual sistema de votos beneficia a los partidos
nacionalistas y a los dos partidos más grandes. Por otro lado, el Partido Popular, que ganó las
últimas elecciones generales, ha rechazado tal afirmación y ha defendido tal sistema electoral como
justo y equitativo.
Para ver quién lleva razón, he decidido mirar por una parte, el número de votos que tuvo cada
partido en las últimas elecciones de 2011 y los resultados oficiales del número de escaños que cada
partido consiguió con el sistema electoral vigente. Y por otra parte, basándome en los votos de las
últimas elecciones, calculé el número de diputados que tendría cada partido con el sistema más
equitativo posible, que según considero, sería aquel que considerase España como una
circunscripción única. Me basé en el Congreso de los diputados y no en el Senado también, por
considerar que el primero es el órgano parlamentario más importante.
representantes. En las últimas elecciones generales, el Partido Popular obtuvo mayoría absoluta con
10.830.693 de votos y 186 diputados, mientras que el PSOE pasó a ser el primer partido de la
oposición con 6.973.880 y 110 diputados.
PSOE y PP, han defendido tradicionalmente esta ley. Los partidos minoritarios nacionales, por el
contrario, siempre han estado en contra de ésta.
La ley electoral vigente desde la reinstauración de la democracia ,hace ya más de treinta años, fija
que las circunscripciones electorales son las provincias y que cada una, según la cantidad de
habitantes, elige a un número determinado de diputados. Izquierda Unida y UpyD, partidos
minoritarios nacionales, se quejan de que el actual sistema de votos beneficia a los partidos
nacionalistas y a los dos partidos más grandes. Por otro lado, el Partido Popular, que ganó las
últimas elecciones generales, ha rechazado tal afirmación y ha defendido tal sistema electoral como
justo y equitativo.
Para ver quién lleva razón, he decidido mirar por una parte, el número de votos que tuvo cada
partido en las últimas elecciones de 2011 y los resultados oficiales del número de escaños que cada
partido consiguió con el sistema electoral vigente. Y por otra parte, basándome en los votos de las
últimas elecciones, calculé el número de diputados que tendría cada partido con el sistema más
equitativo posible, que según considero, sería aquel que considerase España como una
circunscripción única. Me basé en el Congreso de los diputados y no en el Senado también, por
considerar que el primero es el órgano parlamentario más importante.
RESULTADOS OFICIALES DE LAS ELECCIONES GENERALES DEL 2011 PARA EL
CONGRESO DE LOS DIPUTADOS
El sistema electoral español fija cincuenta y dos circunscripciones para la elección de susrepresentantes. En las últimas elecciones generales, el Partido Popular obtuvo mayoría absoluta con
10.830.693 de votos y 186 diputados, mientras que el PSOE pasó a ser el primer partido de la
oposición con 6.973.880 y 110 diputados.
La tercera fuerza política,
fue Convérgencia i Unió con 16 diputados y 1.014.263 diputados. La
cuarta fuerza con más representación fue Izquierda Unida con 11
diputados y 1.680.810, siendo curiosamente el tercer partido en
número de votos, pero el cuarto, pero el cuarto en número de
escaños. También es destacable que Unión, Progreso y
Democracia tenga más votos que CiU, pero es superado por Amaiur,
que tiene 333.628
votos y 7 diputados, mientras que UpyD con 1.140.242 de votos obtuvo
tan sólo cinco diputados. Muy subrayado también fue que el partido
verde EQUO, sólo obtuviese un diputado por Valencia con el partido
Compromís, pero que no obtuviese ninguno más, pese a haber
conseguido 340.926
por toda la geografía española.
Analizando los
datos, parece que el reparto equitativo de escaños con el actual
sistema electoral es poco equitativo. Casi 900.000 votos fueron votos
sin representación ,es decir, no valieron para darle representación
a un partido.
A continuación,
veremos cómo serían los resultados de las últimas elecciones con
un reparto equitativo de votos .
RESULTADOS DE LAS ELECCIONES GENERALES 2011 CON UN
REPARTO EQUITATIVO DE LOS VOTOS
Con un reparto equitativo de
los votos, entendiendo España como una única circunscripción,
pasaría lo siguiente:
El Partido Popular, seguiría
ganando las elecciones, pero pasaría de tener la mayoría absoluta
de la que ahora goza con 186 diputados, a quedarse con una mayoría
simple, aunque holgada de 161 diputados. El Partido Socialista
también perdería diputados, quedándose con 103 diputados, frente a
los 110 que tiene actualmente. Por separado, el PP sería el partido
más dañado, perdiendo veinticinco diputados y el PSOE, aunque
también disminuiría con siete diputados menos.
CIU pasaría de 16 a 15
diputados y Amaiur pasaría de siete a cinco diputados. Sin embargo,
PNV, Coalición Canaria(CC) Foro Asturias(FAC) mantendrían sus
mismos diputados ,con cinco, dos y uno respectivamente, y BNG
obtendría un diputado más consiguiendo tres diputados, tal y como
le pasaría también a ERC, que se quedaría en cuatro. Incluso el
Partido Andalucista(PA), entraría con un diputado en el congreso,
aunque no gozaría de la misma suerte el partido navarro Geroa Bai,
que perdería su único representante en el parlamento.
Izquierda Unida y Unión,
Progreso y Democracia dispararían su representación. IU pasaría de
once a veinticinco diputados y UpyD pasaría de cinco a quince. EQUO
pasaría de uno a cinco diputados e incluso partidos que hasta ahora
nunca habían estado presentes en el parlamento, entrarían con un
diputado, que sería el caso del partido animalista PACMA y de
Escaños en Blanco (EB).
Analizando estos datos, las
conclusiones que se pueden obtener son que los partidos nacionalistas
no sufrirían una importante pérdida de diputados, ya que en su
conjunto sólo perderían un par de representantes. Quienes sí
perderían muchos diputados serían el PP con 25 diputados menos,
perdiendo su mayoría absoluta, y el PSOE perdería siete diputados.
Los dos partidos juntos perderían treinta y dos representantes.
Quienes conseguirían mucha
más representación serían aquellos partidos minoritarios de ámbito
nacional. Lograrían más de treinta representantes más y pasaría a
ser muy relevantes en la negociación de pactos. PP y PSOE son las
únicas fuerzas que se ven realmente beneficiadas con el sistema
electoral actual, pues les permite pactar con la derecha
nacionalista, CIU y PNV, a cambio de traspaso de competencias a sus
autonomías, pero sin tener presiones para realizar determinadas
políticas a nivel nacional, ni tener que ceder ninguna cartera. Pero
en el caso de pactar con IU y UpyD, se verían obligados a modificar
y llevar acabo otras propuestas, que no son las suyas, además de
tener un mayor control, tanto en el parlamento, como dentro del
gobierno, pues posiblemente éstos sí que pedirían tener
representación en el ejecutivo.
Esta ley electoral sólo
beneficia a potenciar el bipartidismo y a que los dos partidos
mayoritarios sean perpetuos. Es posible que haya otras fórmulas para
que siga habiendo varias circunscripciones, sin que éstas afecten a
los que realmente votan los ciudadanos, pero lo que es imposible, es
que con tantas circunscripciones, haya un reparto equitativo de los
votos, tal y como un estado democrático debería defender.
martes, 11 de junio de 2013
Vacaciones en el norte 12 "Felicidad pasajera"
—¡Venga, vamos! ¡Tenemos que salir
ya!
—Déjame que estoy muy agustito...
—¡Pues tú sabras, pero como no
salgamos antes de las once, nos cobran otra noche!
—Vale, vale, ya me levanto—salí de
un brinco de la cama. Me costó trabajo mantenerme en pie con el
cansancio y todo lo que había bebido esa misma noche.
Nos vestimos rápido sin apenas parar.
Mara era la única de los dos que hablaba y siempre era para meterme
prisa. Después de todo, nos dio tiempo a vestirnos y salir de allí.
A las once menos cinco estábamos en
recepción entregando las llaves.
—¿Qué tal la noche? ¿Ha sido de su
gusto?—Nos dijo la recepcionista con la ceja derecha levantada. No
podía ser, creía que eramos una pareja.
—Ah no, si no somos...
—¿Cómo que no?—me interrumpió
Mara con un codazo en el costado—Cariño, ha sido perfecta, no
mientas. Tienen una posada muy íntima—sonrió a la recepcionista.
—Vaya muchas gracias, me alegro de
que nuestros servicios hayan sido de su gusto—le devolvió la
sonrisa.
—Bueno cielo, vayámonos ya—dijo
cogiéndome de la mano.
—Va... vale—tartamudeé.
En cuanto salimos por la puerta, nos
empezamos a reir.
—¿Pero qué coño? ¿Qué se te ha
pasado por la cabeza?
—No me culpes a mí, culpa a los
hombres que no quieren pasar la vida conmigo y me obligan a montar
estos espectáculos—se echó las manos a la cabeza de manera
teatral.
—¡Puta loca!—me eché a reír
—Shhh, a callar. Vamos al coche.
Nos metimos en el coche. Tuvo que girar
un buen rato la llave de contacto para que el coche arrancase. En
cincos minutos ya etábamos en medio de la carretera, rodando y
rodando por carreteras serpenteantes.
—Bueno, ahora cuéntame—giró
durante un momento su cabeza hacia mí—, ¿Quién era el de ayer?
—¿Qué?—pregunté extrañado, pero
acto seguido me dí cuenta a quién se refería—Vale, ya sé de qué
hablas.
Se echó a reír, tuvo que parecerle
graciosa la situación, supuse, pero a mí me resultó muy extraña.
—Y dime, ¿cómo se llamaba?
—Pues no lo sé...
—¿No lo sabes?—se volvió a
girar—¿Pero qué tipo de pelandrusca se esconde detrás de ti,
Leo?—soltó con malicia.
—Mira estaba fatal. No sé lo que
hice, pero por algún motivo me fui corriendo hacia él cuando ya se
iba y justo cuando ya iba a salir, nos besamos. Fue muy raro.
—Vaya... Pues sí que es raro—soltó
con toda la naturalidad del mundo—. Personalmente, creo que el beso
fue especial.
—¿Por qué?
—Porque desde que pasó eso, no has
parado de sonreír ni un solo momento.
Tenía razón, me encontraba como nuevo
por dentro. Como si mi espíritu hubiese renacido. ¿Desde cuándo
podía hacer eso un beso? En mí era la primera vez que lo hacía.
—Ya estamos en casa—soltó Mara. Ya
estábamos de vuelta en Tazones. Se acercó a mi casa. Para mi
desgracia, allí había alguien que no me quería encontrar ni aquí
ni en ningún sitio. Aquel que me dejó hundido en la miseria y se
acabó yendo con otro: Roberto. Sólo con verle, mi sonrisa se cayó
de mi cara y los problemas que quise abandonar volvieron a surgir.
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