lunes, 23 de diciembre de 2013

Consecuencias de un gobierno misógino

Un gobierno con clara vocación catolicista y autoritaria ya es una bomba para los derechos de las mujeres, independientemente de que quien lleve la cartera de Justicia sepa más de religión que de derechos.
La contrarreforma del aborto arrebata a la mujer todo derecho sobre su cuerpo en caso de embarazo. No podrá abortar por su propia voluntad, ni siquiera si el feto tiene una discapacidad o minusvalía grave.
Sólo se podrá abortar si la mujer corre riesgo físico o psicológico, debiendo tener dos informes médicos de distintos facultativos que marquen el peligro, que pese a ser ajenos a la vida de esa mujer, tendrán la capacidad de decidir algo tan personal como si puede tener o no un niño.
El otro único motivo de interrupción del embarazo será por violación con un plazo de risa de doce semanas (Ahora en caso de interrupción voluntaria son 14 semanas), jugando con los sentimientos de la mujer e intentando que si tuviera un periodo de dudas, tuviese obligatoriamente al niño.
Sin duda, ésta es la guinda de un amargo pastel de las medidas machistas tomadas por el gobierno del Partido Popular, que no tiene más función que borrar del mapa la independencia y libertad de la mujer, imponiendo opiniones nacionalcatolicistas y criterios "morales" faltos de cualquier recomendación médica. No obstante, desde que la administración Rajoy llegase al poder, éste no ha sido el único ataque a la sociedad femenina.

No hay que olvidar cómo la ministra de Sanidad, la supuesta inepta exmujer del ex-alcalde de Pozuelo de Alarcón o más conocida como 'la del Jaguar', ha excluido de la reproducción asistida a mujeres que no lleven una relación con un hombre durante al menos un año, alegando que sólo se podrá recurrir a ésta por la sanidad pública si la mujer tiene algún tipo de trastorno reproductivo, o dicho de otra manera: Si no hay macho no es mi problema.
Dejan excluidas a las mujeres lesbianas y solteras por mera ideología. Consideran que una pareja de mujeres o una única mujer no es capaz de criar a un niño, pero además lo consideran como un mero capricho, como alguien que quiere tener una mascota, en vez de darse cuenta en sus estrechas cabezas que esas mujeres recurren a ello por una necesidad personal de formar una familia sin querer rechazar a amar a alguien de su mismo sexo o vivir independientemente sin necesidad de compartir una relación afectiva con un hombre. Atacan claramente al colectivo LGTBI, al feminismo y muestran el rechazo institucional a otros tipos de familias.

Los datos hablan por sí solos, los voraces recortes del estado han afectado de manera directa a la igualdad de sexos y a la violencia machista. Los presupuestos para políticas que impulsan la igualdad se han reducido a la mitad y se han reducido un 30% el dinero aportado para luchar contra la violencia de género.
Como resultado la brecha salarial en España sigue creciendo, llegando a haber este año 5.744€ menos en los salarios de las mujeres que en los de los hombres, infravalorando cada vez más el trabajo de la mujer.

Este gobierno con su imposición de ideas antagónicas y recortes sectarios a merced del capital deja a la mujer indefensa ante todo tipo de situaciones. Sus medidas pretenden acallar a la mujer y expoliarla de su libertad, llegando a intentar someterlas al hombre y restringiéndolas de todo aquello que permitan que se desarrollen tanto en el ámbito personal como laboral.



domingo, 22 de diciembre de 2013

El escritor que no quiso ser patrón

Lo creativo es un don que no todo el mundo necesita, pero que algunos sí requieren para moldear su vida.
Ése era el caso de Alfredo Galilei, un escritor nunca venido abajo pues no había estado ni a medio camino de la cima. Fue una persona rica por culpa de una familia ahogada en dinero, tuvo lujos que en esa época eran inalcanzables para la mayoría de la gente.

Era un apasionado de la lectura y desde muy pequeño pasaba horas frente a los libros, devorándolos por páginas. Le gustaba todos los que cogía de la extensa biblioteca familiar cultivada durante años por su difunto abuelo, que al igual que él era un amante de la literatura, aunque tal afición se saltó una generación con su padre: Un hombre terco que sólo sabía de números y productividad, que no podía saber qué podía encontrar su hijo de interesante en aquellos trozos de papel. 

Él, sin embargo, no dejaba de leer hasta que un día con diecisiete años comenzó a trabajar con su padre. El trabajo le parecía horrible pues su primer puesto fue como ayudante del capataz en la unidad de producción. Veía a gente echar muchísimas horas moldeando cerámica para que un cerdo de capataz les gritase y les tratase a patadas. 

Le generó tal sufrimiento, pues los libros le habían otorgado la capacidad de meterse en el cuerpo de otros y de sentir como ellos, que ya ni leer le calmaba. Optó al final por escribir todo lo que vivía, su pasión por la lectura, el hostigamiento de los obreros en la empresa de su padre: Estaba escribiendo su propia novela.

Pudo durar un par de años teniendo como calmante la escritura, pero ya no sentía que pudiera aguantar mucho más en aquella situación. Reunió a sus padres y les explicó todo: No quería ser patrón, quería ser escritor. 
Su padre intentó convencerle de que no lo hiciese y le amenazó con desheredarle. A él ya le daba igual, no quería nada más que salir de allí. Su padre ante la arrogancia de su hijo no dudó en echarle de casa al momento.

Alfredo, con una maleta con poca ropa hecha mientras escuchaba los gritos de su padre, se fue de allí. Fue a la estación y compró el siguiente billete para Madrid. Si quería ser escritor no veía mejor vía que no fuese yendo a la capital pues en aquella ciudad donde estaba los buenos tiempos para las letras se habían esfumado hacía mucho tiempo.

Al anochecer de aquel mismo día llegó a la estación de Atocha. Al salir de la estación se vio perdido en una urbe inmensa, de la que sabía tan sólo lo que había leído en bibliotecas. Coches por doquier, humo y carreteras atestadas. No era tal y como la literatura le había dado a conocer aquella ciudad, pero sabía que nada era tal y como lo iba a ver de día.

Tras numerosas indicaciones de los viandantes llegó a la pensión en la que se hospedaría. La calle donde estaba no parecía muy noble en ningún sentido. La vía estaba infectada por un olor entre orines y gasolina nada agradable y la mayoría de sus edificios no eran más que cuatro ladrillos mal sobrepuestos que no hacían otra función que no fuese la de arropar y dar cobijo a los hombres y mujeres que habían emigrado desde numerosas partes del país para dar una vida mejor a sus hijos.

Desde la mañana del día después, vio cómo era tan distinto aquel lugar. Al salir de su habitación de la pensión tras su primer día de sueño en Madrid, se dio cuenta de que allí no había tanto ser acomodado o bohemio como se pensaba encontrar: Había familias. Familias enteras de andaluces, extremeños o provincianos castellanos que vivían en tales situaciones que su situación de exiliado familiar le parecía una nimiedad.

En estrechas habitaciones familias con cinco hijos vivían juntos, apretujados y sin ninguna intimidad. Vivían como animales pues nadie hacía nada para que viviesen como humanos.
Al principio todas las personas la miraban con cierto recelo, era el único que vivía sólo en una habitación, pero con el tiempo le integraron dentro de la sociedad de solidaridad y empatía que habían formado entre todos los inmigrantes.

La primera semana no salió del barrio. Se entretenía viendo cómo pasaba allí la vida. Por la mañana los hombres iban a trabajar y también algunos niños y madres, aunque estas últimas las más escasas que se ocupaban de las tareas de sus casas, y los niños más afortunados podían permitirse ir a la escuela para aprender el alfabeto y los números malamente. Hasta la noche no estaban todas las familias juntas de nuevo. El núcleo industrial de la zona se basaba prácticamente en una fábrica ladrillera. Se preguntaba si allí tendrían a un capataz tan mísero como en la de su padre.
Uno de los días toda la gente se reunió para festejar a una santa del que se ocupaban de su culto por el sur, pese a no sentir todos la misma devoción por aquella virgen, todos, viniesen de donde viniesen, participaron en la fiesta cantando a la virgen, emocionándose y compartiendo los bailes tradicionales de sus lugares de origen. Alfredo se sentía profundamente dichoso de ver toda esa gente feliz y orgullosa, pese a tener múltiples baches que superar cada día.

Tras esa semana se decidió a ver el corazón de Madrid. Tras haber escrito en su libro cómo fue su pasado, ahora tocaba la parte feliz del libro, cuando en la capital el protagonista se convertiría en un escritor de renombre y conocería a la mujer con la que tendría un romance y acabaría siendo el amor de su vida.
Desafortunadamente lo que él creía que le gustaría, no le estaba gustando.
La calle Alcalá estaba completa de hombres con buen porte y de mujeres con grandes abrigos de bisón que les protegía muy bien del frío invierno, pero mientras ellos caminaban, en las esquinas había gente pidiendo sin abrigos tan deslumbrantes y pasando un frío inhumano. Personas que pedían limosnas y de vez en cuando salían corriendo cuando veían a lo lejos a algún policía franquista que no tendría ningún reparo de llevarle a la comisaría donde sus compañeros le darían una reprimenda a base de palos por el mero hecho de no tener casa y clamar por alguna moneda.

Le descolocó que nada le pareciese tal y como él creía que le tenía que parecer. Si veía una sociedad hipócrita no podía alabarla, pues éso sería simplemente someterse al régimen establecido, que hasta ese momento no había tenido la capacidad de percibir cómo realmente era.

Por la tarde volvió a la pensión. Su viaje de la mañana le había quitado la idea para acabar su libro. Cuando estaba ya allí tumbado sobre la cama le vino a la cabeza de lo que realmente debería escribir.
Había tenido todo el rato delante la riqueza de la vida, mucho más grande que la riqueza económica, y el poder de superación frente al despotismo y la felicidad de personas por el mero hecho de seguir el día a día.
A partir de ese momento Alfredo Galilei se dijo para sí que tenía que escribir de sus vecinos de barrio, de los obreros y los muchachos que le rodeaban. Pues el final daba igual como fuera, su escritura no podía valer para que cómodos burgueses como su familia se entretuvieran, sino para cambiar aquella autocracia llamada España.

sábado, 26 de octubre de 2013

Huelga educativa en Alcalá de Henares y #24O

El principal motivo para la huelga estaba clara: La puesta en marcha de la Ley Wert o llamado oficialmente, aunque de una manera un tanto irónica, Ley para la mejora de la Calidad Educativa. Pero eso no se quedaba ahí, ya que no nos podíamos olvidar del maltrato que ha sufrido la educación con subidas de tasas universitarias como las de los ciclos de grado superior, que tras un año de su imposición a subido más de un 100% en Madrid. En esta comunidad también hemos sufrido la continua privatización de la enseñanza, que ahora incluso impulsará la LOMCE, otorgando terreno público a instituciones nacionalcatolicistas como el Opus Dei.



Los motivos de la lucha se hicieron muy activos en tres días de huelga para los estudiantes de enseñanzas de instituto (Que se suelen llamar malamente enseñanzas medias, ya que la FP superior son ,tal como he dicho, superiores) y en el último día, el 24O, también con universidades y profesores.
En Alcalá de Henares, durante esos días, especialmente el primero, el 22 de octubre, repartimos muchas octavillas en las puertas de los intitutos para informar, sobre todo a los niños de primer ciclo de secundaria, donde aún no se tiene el suficiente conocimiento o interés sobre los motivos de una huelga.
Respecto a la formación profesional, debo decir que en el Instituto Alonso Avellaneda, donde yo mismo estudio, no hubo mucha gente pasando al recinto donde imparten las enseñanzas de FP. Aunque con excepciones amargas, se puede decir que la gente fue consciente de lo que se pedía y optó por no ir.

El 23 de octubre, además de piquetes informativos en institutos, hubo por la tarde una asamblea convocada por 'UAH en movimiento' y 'Asamblea de estudiantes del Henares' en la Plaza Cervantes para hablar principalmente de las protestas que tendrían lugar el día siguiente y también para aportar ideas y opiniones acerca de lo que se podría hacer para involucrar más a la gente en el movimiento estudiantil y educativo en general. Fue una charla enriquecedora y diversa, donde fueron profesores de todos los niveles educativos, estudiantes, padres, e incluso, gente que pasaba por allí y se sumó a nosotros.

Finalmente, llegó el día clave de la lucha educativa: El 24 de Octubre. En Alcalá, se convocó por la mañana una marcha desde el hospital hasta la Plaza Cervantes, donde se juntaría con profesores y más gente que se había concentrado allí para sumarse a la protesta. Más de mil personas estuvimos oponiéndonos a las medidas Werticidas y a la sectaria LOMCE. Sin duda, fue emocionante el apoyo popular a la protesta.



Por la tarde muchos fuimos también a la manifestación central que tuvo lugar en Madrid. Los movimientos estudiantiles alcalaínos reunió a la gente en la Renfe de Alcalá de Henares. El tren estuvo a reventar de camisas verdes en apoyo a la educación pública y cuantas más paradas pasaban, se veían pasar más y más vestimentas verdes. En Atocha comenzó un ramal de la manifestación que se sumaría con las demás en Neptuno. Allá por donde mirabas había gente en lucha. El paseo del Prado estaba a rebosar y Neptuno no fue menos. La gente clamaba la dimisión del ministro de educación y la defensa de la educación pública para el hijo del obrero. La protesta que acababa en Sol, fue imposible de culminar por toda la gente que había, que ni la lluvia fue capaz de echar. 
Los movimientos estudiantiles de Alcalá estuvieron muy activos y  se hicieron oír. Culminaron muy bien la jornada de protesta, que organizaron con mucho trabajo y una perfecta coordinación.

El Ministerio no tardó en decir que la huelga fue un fracaso. Dieron un dato, nada científico y siempre inventado, intentando imponer sus medidas neoliberales, dogmáticas y sexistas por una mayoría ilegítima. Por ello, me creo más el dato del 80% en enseñanzas de instituto y el 90% en universidades del Sindicato de Estudiantes, no porque sean datos más favorables, sino porque vi a cientos de miles de personas en la calle contra un gobierno y una política deshumanizada que no sabe de personas, sino de creencias y de intereses económicos. Mariano Rajoy y su prole no son bien recibidos y una huelga histórica lo ha demostrado otra vez.




lunes, 30 de septiembre de 2013

El Chapero

No era quién para saber, pero tampoco para desconocer. No supo  por qué empezó, ni cuándo acabaría, pero así era su vida. Entre mansiones, cuartos oscuros y habitaciones de hotel se ganaba su sueldo. Siempre a gusto del cliente, que era quien pagaba. Le gustase lo que le gustase, él se lo hacía siempre con el dinero por adelantado.

Era bueno en los suyo, o eso quería creer. ¿Sino por qué iban a recurrir tanto a él? ¿Por su gran personalidad? No. Sabía quién era y no era nada más que aquel que desfogaba cuerpos con mucho vicio y muchos prejuicios, pero con una cartera demasiado rebosante como para poder permitirse sus servicios.

Su bolsa de clientes siempre llenaba su agenda. Los servicios no solían durar demasiado, porque tras acabar de hacerlo, salían despavoridos creyendo que tenían que dejar de solicitar su atractivo cuerpo. En otras, se quedaban un rato tumbados en la cama, contándoles lo dura que eran su vida y lo difícil que era para ellos estar con una mujer a la que no amaban o tener que acostarse a veces con ella. Algunos lo vivían con optimismo pese a todo, pero otros se echaban a llorar.

Todos creían tener tan mala vida que no se paraban a preguntarle qué tal le iba a él. Por qué una persona empieza a poner precio a su cuerpo. Él comenzó con una tontería, la primera vez no sabía ni por qué lo hacía. Después siguió haciéndolo: Le gustaba el sexo y no le importaba sacarle rentabilidad. Pero mientras se hacía más conocido en el mundo del placer, menos le gustaba lo que hacía. Por desgracia, cuando se paró a pensar en acabar con esa vida, también se dio cuenta de que no sabía hacer nada más.

Se había dado cuenta de que se había convertido en un vendedor de placer. De su iniciación ya había pasado un tiempo y había pasado de acostarse con el típico viejo necesitado a acostarse con empresarios, ejecutivos, políticos, que muchas veces también eran viejos necesitados, sólo diferenciables por su dinero.

Aún con todo, vivía bien. Un servicio con él se podía calificar con miles de buenos adjetivos, pero ninguno de ellos sería barato. Su apartamento era más grande que muchas casonas de gente de alta cuna. Su único compañero de piso era un pequeño bulldog francés. 

Por mucha casa que tuviese, algunas veces tenía días muy apretados y no podía disfrutar de su casa ni de jugar con su perrito. Hoy era uno de esos días. Su última "cita" antes de poder ir a descansar sería en el hotel Hilton. Un banquero ruso había pedido sus servicios. Era un cliente antiguo y cada vez que venía a Madrid le llamaba. Él a veces incluso anulaba otros trabajos para estar con él. Además de pagar inmensamente bien, era un hombre cuarentón bastante atractivo, cualidad que no tenían muchos de sus clientes.

Se quedó al lado de la puerta del hotel, a la espera de que llegase. Fumando un cigarrillo, aunque el botones de la entrada le miró mal. Dando mecha al cigarrillo, comenzaba la noche y acabaría de una vez ese día agotador. Siempre creyó que al final se sentiría sucio con lo que hacía, pero con el paso del tiempo se dio cuenta de que esos remordimientos no existían. Al menos en su cabeza.

Llegó un taxi a la puerta principal. Era el ruso, como siempre puntual. El botones cambió la cara de amargado a una totalmente sumisa y falsa. Como siempre, esperó cinco minutos de rigor a pasar después de él para ir a la habitación. 
Apagó el cigarrillo contra el suelo y se metió en el hotel. El chapero se ganaría la noche otra vez de la única manera que conocía.