lunes, 30 de septiembre de 2013

El Chapero

No era quién para saber, pero tampoco para desconocer. No supo  por qué empezó, ni cuándo acabaría, pero así era su vida. Entre mansiones, cuartos oscuros y habitaciones de hotel se ganaba su sueldo. Siempre a gusto del cliente, que era quien pagaba. Le gustase lo que le gustase, él se lo hacía siempre con el dinero por adelantado.

Era bueno en los suyo, o eso quería creer. ¿Sino por qué iban a recurrir tanto a él? ¿Por su gran personalidad? No. Sabía quién era y no era nada más que aquel que desfogaba cuerpos con mucho vicio y muchos prejuicios, pero con una cartera demasiado rebosante como para poder permitirse sus servicios.

Su bolsa de clientes siempre llenaba su agenda. Los servicios no solían durar demasiado, porque tras acabar de hacerlo, salían despavoridos creyendo que tenían que dejar de solicitar su atractivo cuerpo. En otras, se quedaban un rato tumbados en la cama, contándoles lo dura que eran su vida y lo difícil que era para ellos estar con una mujer a la que no amaban o tener que acostarse a veces con ella. Algunos lo vivían con optimismo pese a todo, pero otros se echaban a llorar.

Todos creían tener tan mala vida que no se paraban a preguntarle qué tal le iba a él. Por qué una persona empieza a poner precio a su cuerpo. Él comenzó con una tontería, la primera vez no sabía ni por qué lo hacía. Después siguió haciéndolo: Le gustaba el sexo y no le importaba sacarle rentabilidad. Pero mientras se hacía más conocido en el mundo del placer, menos le gustaba lo que hacía. Por desgracia, cuando se paró a pensar en acabar con esa vida, también se dio cuenta de que no sabía hacer nada más.

Se había dado cuenta de que se había convertido en un vendedor de placer. De su iniciación ya había pasado un tiempo y había pasado de acostarse con el típico viejo necesitado a acostarse con empresarios, ejecutivos, políticos, que muchas veces también eran viejos necesitados, sólo diferenciables por su dinero.

Aún con todo, vivía bien. Un servicio con él se podía calificar con miles de buenos adjetivos, pero ninguno de ellos sería barato. Su apartamento era más grande que muchas casonas de gente de alta cuna. Su único compañero de piso era un pequeño bulldog francés. 

Por mucha casa que tuviese, algunas veces tenía días muy apretados y no podía disfrutar de su casa ni de jugar con su perrito. Hoy era uno de esos días. Su última "cita" antes de poder ir a descansar sería en el hotel Hilton. Un banquero ruso había pedido sus servicios. Era un cliente antiguo y cada vez que venía a Madrid le llamaba. Él a veces incluso anulaba otros trabajos para estar con él. Además de pagar inmensamente bien, era un hombre cuarentón bastante atractivo, cualidad que no tenían muchos de sus clientes.

Se quedó al lado de la puerta del hotel, a la espera de que llegase. Fumando un cigarrillo, aunque el botones de la entrada le miró mal. Dando mecha al cigarrillo, comenzaba la noche y acabaría de una vez ese día agotador. Siempre creyó que al final se sentiría sucio con lo que hacía, pero con el paso del tiempo se dio cuenta de que esos remordimientos no existían. Al menos en su cabeza.

Llegó un taxi a la puerta principal. Era el ruso, como siempre puntual. El botones cambió la cara de amargado a una totalmente sumisa y falsa. Como siempre, esperó cinco minutos de rigor a pasar después de él para ir a la habitación. 
Apagó el cigarrillo contra el suelo y se metió en el hotel. El chapero se ganaría la noche otra vez de la única manera que conocía.
 

viernes, 27 de septiembre de 2013

Esperanza de vida útil y Disfrute de la vejez

Siempre que hablan de Esperanza de Vida, me acuerdo de mi profesor de Ciencias del Mundo Contemporáneo de primero de bachillerato. Decía que no confundiésemos nunca la Esperanza de vida con la Esperanza de vida Útil. La verdad, es que cada vez que pienso en lo que mi profesor decía, le veo más lógica y al final me he dado cuenta a lo que quería llegar al intentar convencernos de ésto. 

En España vivimos una media de ochenta y dos años. La muerte está bastante más lejos que hace un siglo, cuando los hombres españoles morían a los treinta y cinco de media. Indudablemente el gran avance médico que ha habido es algo indudable, aunque por otro lado éste no lo quieran seguir manteniendo para la población general, sino para una élite.Es cierto que vivimos más, pero ésto no se puede considerar el único elemento para hablar del bienestar de los ciudadanos.

La reforma de las pensiones fue una de las tantas medidas neoliberales y "Merkelistas" que el gobierno socialdemócrata de Zapatero nos impuso en su última legislatura. La jubilación pasaba de los 65 a los 67 años y la prejubilación a los 63. El argumento que defendían, tal y como se puede leer en el BOE del 2 de agosto de 2011 , era que el sistema de Seguridad Social del momento era insostenible y que las bajas tasas de natalidad obligaban a una reforma de tal calibre para mantener las pensiones en un futuro—argumento falso, ya que en aquellos momentos el crecimiento de la población era positivo—, así como por  la mayor esperanza de vida.

El Partido Popular, que votó en contra de esta ley porque pese a su dureza tenía que ser blanda para ellos, ya quiere volver a cambiar el sistema de pensiones otra vez en detrimento de los trabajadores. Quieren cambiar el cómputo de las pensiones de tal manera que los pensionistas perderían capacidad adquisitiva, sin contar que les puedan subir la cantidad de pago del IPC o el incremento de otras retenciones. El gobierno del PP además ha dicho en alguna ocasión su deseo de acabar con las prejubilaciones y que todo ciudadano se jubile a los 67 sea como sea, haya sido albañil o abogado, los años que haya cotizado e independientemente del desgaste que haya supuesto para él su oficio.
¿Argumentos? Los mismos que dio en su día la Administración Zapatero, pero además sin alcanzar ningún tipo de pacto con los agentes sociales. Por supuesto, se abrazan a la misma excusa de que como la gente vive más, están más tiempo cobrando una pensión y éso es "insostenible".
Excusa barata, pues gracias a los magníficos recortes en sanidad, privatizaciones en favor de amigos empresarios, despido de médicos en las autonomías gobernadas por el PP o el nuevo repago del 10% de las medicinas en hospitales, por primera vez desde la transición la esperanza de vida en España ha bajado. Pero a parte de que se ha convertido en una razón falsa, incluso cuando ésta podría tener cierta credibilidad, no era del todo válida.

Como diría mi antiguo profesor, una cosa es cuánto tiempo vives y otra cuánto lo haces de manera autónoma. Una persona puede morir a los ochenta y dos años, pero tener problemas desde los sesenta por tener una angina de pecho. Como también puede tener desde antes de los 67 años una dolencia de otro tipo como artritis, hernias discales, alzheimer... que pueden provocar que esa persona ya no esté en situación de trabajar, según sea su oficio, o incluso en algunos casos, inhabilitarla.

Pero nadie usa la Esperanza de Vida Útil. Es un término tan sólo aplicado sorprendentemente a la ingeniería. Si un puente se puede usar sesenta años porque ,aunque no se caiga, se cree que tras ese tiempo aumentaría las posibilidades de derrumbe, ¿por qué no se calcula hasta cuándo puede una persona aguantar activamente en el mundo laboral?

Además de calcular ésto, deberían regular cuánto tiempo tiene de media una persona entre la vida útil y la enfermedad. Dato importante, pues después de una vida volcada al trabajo, todo anciano debería tener garantizado un periodo de "Disfrute de la vejez". El Disfrute de la vejez intentaría garantizar a la mayoría de personas un tiempo de jubilación que no estuviese plagado de problemas de salud, sino que permitiese a la persona de disfrutar libremente de su retiro profesional. Tendría que considerarse como derecho y recompensa tras haber cooperado a que el sistema se financiase.

Por desgracia, estos dos neologismos planteados, Esperanza de vida útil y Disfrute de la vejez como otras buenas ideas que hay, parece que pasarán al olvido por el momento, pues el léxico del gobierno actual pautado por la Real Academia de la Lengua Neoliberal sólo sabe hablar de eufemismos y no de personas.







viernes, 13 de septiembre de 2013

Nosotros, los malvados gays

Cuando pongo la televisión y hago el típico zapping, fruto del aburrimiento y de una programación muchas veces mediocre, a veces me paro en esos canales de tendencia nacionalcatolicista que todos conocemos.
Como siempre están defendiendo lo indefendible con discursos irrazonables y de poca objetividad. No estoy más de un par de minutos escuchando sus tonterías cuando busco algo en la tele que merezca la pena o simplemente apago la televisión, pero siempre me pregunto cómo esa gente puede tener unos ideales tan anquilosados al pasado en casi todos los temas. Uno de los temas en los que siempre son contrarios es a todo aquello relacionado con los derechos de los homosexuales.

Esta posición frente a los derechos LGBT no sólo es parcela de los medios y periodistas conservadores, ya que como diría Rafael Correa, desde que se inventó la imprenta  la libertad de prensa es propiedad del dueño de la imprenta y estas "imprentas" son propiedad de la iglesia(13TV, COPE...), grandes empresarios derechistas y políticos conservadores(Véase la participación de Rodrigo Rato en el accionariado de Intereconomía o las múltiples ayudas económicas dadas por parte de la comunidad de Madrid presidida por el PP a este medio).

El Partido Popular recurrió la legalidad del matrimonio igualitario y tuvo una posición claramente opuesta a ella, diciendo en público que preferían que se llamase unión civil, marcando ya que el amor entre dos personas del mismo sexo no era algo normal y que había que tratarlo de manera distinta, además de negar el derecho de adopción a estas parejas. El tiempo y la resolución del TC ,que marcaba como constitucional la ley del matrimonio gay, les valió para que se diesen cuenta de que ,pese a sus ideales profundamente sectarios, tenían que respetarlo aunque sea tan sólo de puertas para fuera.

Hay muchos políticos populares como el ministro del Interior, que ni aún así son capaces de respetarlo públicamente. Sus cabezas son demasiado pequeñas como para avanzar a la misma velocidad que lo hace la sociedad.

La Iglesia Católica, Apostólica y española ha continuado con su mensaje homófobo tradicional. Diciendo que por muchas leyes de distintos país lo digan así e incluso en la RAE hayan incluido esta forma de matrimonio en el diccionario, "éso" no es un matrimonio. El matrimonio es sólo para tener niños a los que educar en lo mismo que les han hecho creer 2000 años de cristianismo. Su única manera de rentabilizar su secta y que mantenga, sino aumentar, sus forofos y con ellos sus ingresos.

Todas esas opiniones anticuadas intentan convencer sin poner argumentos defendibles, sino que atacan directamente a estas minorías. Nos llaman enfermos, "hombres que van a clubes de hombres nocturnos", personas "festivas" que somos como somos porque, al parecer, nuestras familias estaban desectructuradas. Nos enmarcan como gente estrafalaria y artificial e incluso a veces se atreven a ponernos a todos como gente adicta y rodeada a los excesos del alcohol y la droga.

Se niegan a que podamos tener hijos o adoptar porque "ellos también se volverán gays o lesbianas". Argumentación totalmente absurda como todas las demás. Es más, hay múltiples estudios de campo que muestran que la proporción de los hijos homosexuales que hay en las familias homoparentales es la misma que en familias con una madre y un padre, además de que su desarrollo es igual que el de cualquier otro niño. Porque pese a quien le pese, en España ya había familias de gays y lesbianas antes de la ley que lo permitía oficialmente: Recomiendo el documental Homo Baby Room, que trata sobre todo ésto en más profundidad.

En conclusión, nos intentan demonizar. Nos quieren tratar como los malos de la película, los que quieren cargarse a las familias y comernos a los niños, cuyo último objetivo que tenemos es cargarnos la humanidad, prohibiendo la procreación de parejas heterosexuales y que todos se unan a nuestras orgías.

Este pensamiento sé que lo comparte una minoría, que pese a ser muy poderosa, es muy minoritaria. Pero lo que me hace daño es que crean que podamos ser tan malos y no puedan limitarse a pensar que lo queremos es lo que quiera cualquier persona: Tener el derecho de amar, casarnos y formar una familia.



viernes, 6 de septiembre de 2013

Vida de un espíritu


Ya no recuerdo cuándo morí, lo único que sé es que no estoy vivo. Los latidos de mi corazón me abandonaron y con ellos mi cuerpo. Ahora voy de aquí para allá, pero a la vez nunca me muevo. Mis huellas no marcan la arena ni mis gritos asustan a la gente. Tan sólo no soy nada.

Ver a las personas pasar es mi afición favorita. Me pongo en medio de la calle a observar a los viandantes para malgastar mi eterno tiempo. Cada cierto tiempo cambian de forma de vestir y sus hábitos. Ya no hablan igual que antes, pero tampoco parecido a cómo hablarán en unos años.

Todo cambia porque están vivos, pero para mí todo está inerte porque estoy muerto. Soy el espectador de un teatro continuo del que no soy partícipe. Jamás me sacarán al escenario, pues mi butaca desde donde les veo está vacía para ellos.

Si pudiera les gritaría que no malgastasen sus vidas, que luchasen por lo que quieran, que viviesen como les plazca y que amasen fuertemente. Arrepentirse de no hacer algo es triste, pero más cuando estás bajo tierra y no puedes deshacer ni remediar de ninguna manera. Las cosas están mientras eres, pero cuando dejas de ser, tan sólo sientes un vacío que no te lleva a ninguna parte, pero te amarga por el resto. 

A veces paso a través de un vivo y le da un escalofrío. Si en vez de éso le pudiese prestar un susurro siempre diría: Es verdad lo que dicen que no hay nada después de la muerte, así que vive cada día como el último de tu existencia y nunca pienses en el mañana.