miércoles, 21 de mayo de 2014

La llamaban Libertad

La historia de la vida de Libertad comienza en su propio nombre. En el año setenta y seis sus padres, Oriol y Lola, exiliados por el régimen de Franco en Francia, volvieron a su Madrid natal. Habían pasado unos años duros fuera, pero tenían la sensación de que con la muerte del dictador las cosas mejorarían lo suficiente como para poder reinstalarse en el país. El matrimonio traía sorpresas de Francia, la más importante de todas era que su madre estaba embarazada de ocho meses. Los médicos, preocupados por el viaje que la esperaba con un embarazo tan avanzado, la insistieron en que se quedase en el país hasta que al menos hubiera dado a luz, pero ella se opuso. Quería que su bebé naciese en el país de sus padres y que desde el primer momento la pequeña criatura compartiese desde el primer momento los nuevos aires de libertad que se respiraban en las calles de la capital.

Aunque también dejaron a gente allí, estaban deseando llegar tras tantos duros años  de sufrimiento fuera España y volver a encontrarse con los familiares y amigos que estaban esperando su vuelta. Apenas dio tiempo a que el avión aterrizase en Barajas para que su madre rompiera aguas. La trasladaron al Hospital Doce de Octubre inmediatamente, sumándose a la alegría de volver a casa con la llegada de una nueva vida.
A las siete de la mañana, el bebé dio la bienvenida al mundo. Cuando Oriol le puso el bebé sobre el regazo de su madre y le dijo que era una niña, ya sabía cómo se tenía que llamar: Libertad.
Aunque la felicidad colmó a aquella familia, eran tiempos convulsos.  Pese a que predominase un ambiente de protestas en la calle, la gente celebraba el resultado del referéndum de la reforma política, que sería la primera piedra para las primeras elecciones democráticas tras cuarenta años de franquismo. No obstante, había minorías que no aceptaban tan bien el nuevo destino del país y un día después de que Libertad naciese, murieron cinco abogados laboralistas a manos de unos terroristas fascistas en un edificio de la Calle Atocha.
A unos días de dar a luz, Lola salió a la calle. Los médicos y Oriol la suplicaron que no hiciese eso, aún necesitaba recuperarse del parto, pero no les escuchó.  Sentía que debía salir a quejarse de la muerte de los abogados asesinados y a pedir libertad al gobierno del régimen. La gente pedía que de una vez se legalizase el PCE y no quería que se intentase coartar la libertad de voto. Oriol, conociendo el temperamento de su esposa, se resignó y acompañó a su mujer en la manifestación.
Con el pasar de los años, mientras que el nuevo sistema parecía asentarse, Libertad crecía con la fuerte actitud que había heredado  de su madre. Estuvo desde su infancia en las calles con sus padres en numerosas protestas, ya fuese a favor de que las mujeres pudiesen decidir sobre su cuerpo o en contra de que España se volviese a militarizar con su ingreso a la OTAN.
Cuanto más mayor se hacía, la llama de su pensamiento crítico se avivaba más. A los diecinueve años compaginaba sus estudios de periodista con un trabajo de camarera y durante sus horas libres participaba allí donde le parecía que tenía que estar, luchando contra esas injusticias que seguían mandando en el mundo.
En 2003 Libertad tenía 25 años y ya había salido de la Universidad, aunque su trabajo no se relacionaba para nada con el periodismo. Trabajó durante tres meses en un importante periódico, pero  no la dejaban ejercer como una verdadera periodista, sino que estaba obligada a no husmear demasiado para tener contenta a la Junta de Accionistas y a sus intereses. Por ello, prefirió volver a estudiar y hacer un ciclo de grado superior de Administración para reincorporarse al mundo laboral en un trabajo que sí pudiese hacer como ella quería. Afortunadamente la contrataron en una editorial como administrativa, lugar que a ella como buena amante de los libros, le parecía muy interesante.
Ese mismo año iba a comenzar la Guerra de Irak y España participaría en ella. La opinión pública estaba en contra y un gran número de personas salió a protestar.
En una de las manifestaciones en contra de la guerra, Libertad conoció a la persona que acabaría siendo su gran amor. Las calles del centro estaban a rebosar de gente  y tropezó con algo que había en la calzada, pero no llegó a caerse, alguien llegó a cogerla.
     ¿Estás bien?—Le preguntó el chico que le había cogido. Entonces se fijó en sus ojos color café y su rostro barbiluengo.
     Sí, gracias —dijo con una sonrisa al mismo tiempo que apoyaba el pie de nuevo en el suelo, que hizo que cambiara el gesto de su cara y soltase un pequeño grito de dolor.
     Creo que te has torcido el tobillo— se apresuró a decir— ¿Quieres que te lleve al médico?
Libertad aceptó. No podía andar y había ido sola a la manifestación, así que él se convirtió en su salvavidas. Una vez en la sala de espera de Urgencias, empezaron a hablar. Libertad descubrió que se llamaba Carlos, tenía 27 años y era conductor de autobuses. Hablaron tantísimo que la larga hora que les tocó esperar se les pasó volando, e incluso a Libertad se olvidó del dolor.
Una vez en la consulta, el médico le dijo lo que ya esperaba, se había torcido el tobillo. Se lo vendaron y la mandaron reposo. Carlos pidió un taxi para llevarla a su casa. En el taxi, Libertad le invitó a tomar un café el día siguiente. Éste aceptó y por la mañana estaban en una cafetería charlando y riendo como locos. Libertad tuvo que ir con muletas, pero ni aún así renunció a la cita.
Quedaron en innumerables ocasiones y poco a poco Carlos fue invadiendo su mente, llegando finalmente el día en el que se dieron cuenta de que se habían convertido en una pareja.
Pronto alquilarían una casa y se irían a vivir juntos. Sabían que aunque la economía fuese bien, los salarios no subían y era imposible comprar una vivienda. Frente a toda la gente que se endeudaba en aquel momento para poder independizarse, ellos se negaron a ello y adquirieron una casa en régimen de alquiler. Mientras tanto, no se resignaban a la situación y se unieron a protestas y movimientos que pedían una vivienda digna. Hacía un año que el gobierno había cambiado de color, pero los problemas para tener en una vivienda que había con el gobierno de Aznar, estuvieron más presentes en el gobierno de Zapatero.
Oriol y Lola se apenaron cuando Libertad anunció que se iba a vivir con Carlos. Ellos sabían perfectamente que ese día llegaría, pero al ser su única hija, su ausencia en casa se notaría más. Pese a ellos, se convencieron de que Libertad iba a estar bien con una persona como Carlos y era lo suficientemente responsable como para saber apañárselas sola.
En 2008, el padre de Libertad murió por una enfermedad que padecía desde hacía tiempo.  Ese mismo año, nació el hijo de Libertad y Carlos, al que llamarían Oriol en memoria  de su difunto padre. El pequeño Oriol llegó al mundo en un momento en el que parecía que todo se iba a desmoronarse por momentos. “El milagro económico” había sido un triste y engañoso sueño. Las viviendas habían llegado a costar tanto y los intereses de las hipotecas eran tan elevados que la gente empezaba a no poder pagar. Durante años el pilar de la economía fue la construcción y al caer ésta, comenzaron a destruirse todos los puestos de trabajo que generaba.
Al principio el trabajo de Libertad no se vio afectado por la crisis, pero la oleada de despidos y rebajas salariales pronto llegaría a su matrimonio. Primero ella sufrió un expediente de regulación de empleo en la editorial y despidieron a la mitad de la plantilla. Tuvo la suerte de ser una de las personas a las que no echaron, pero la bajaron el sueldo.
Poco después, también comenzaron las reducciones salariales para su marido, lo cual provocó que muchos meses Libertad tuviera que pedirle dinero prestado a su madre para poder pagar el alquiler.
Comenzó una de las etapas más negras que Libertad había vivido. Primero, aquel presidente al que le estalló la crisis hizo unos recortes brutales y abarató el despido. Estas medidas provocaron que en 2011 mucha más gente que hasta ese momento había mantenido su empleo perdiese su trabajo, entre ellas Libertad.
Nunca había estado desempleada y ahora se sentía triste e inútil. Metió su curriculum en todos los sitios, pero no recibía ni una sola llamada para una entrevista. Estaba desesperada.
Otra vez cambió el gobierno y sus políticas fueron aún más inhumanas que las del anterior.  El nuevo ejecutivo aplicó recortes  brutales, además de hacer otra reforma laboral que facilitaría aún más el despido.
En 2014, las discusiones entre Carlos y Libertad eran cada vez más frecuentes. Vivían en una situación límite, a ella se le había acabado la prestación por desempleo y él era quien se enfrentaba ahora a un ERE. Mientras tanto, tuvieron que cambiar a Oriol de colegio, el suyo lo había cerrado la Comunidad de Madrid. El nuevo colegio  estaba mucho más lejos que el anterior y tenían que pagar ahora además otro gasto  por tener que coger transporte para llevarlo cada día. A la familia no les salía las cuentas y las ayudas en forma de dinero de la madre de Libertad cada vez se hacían más frecuentes, acabando por convertirse en una rutina embarazosa.
Un día, Libertad se dio cuenta de que no podía más y decidió que si quería trabajar, debería irse al extranjero. Carlos la comprendió perfectamente, porque aunque la fuese a echar de menos, sabía que sería la única manera de poder continuar con su matrimonio. Ambos se amaban hasta límites desconocidos, pero la desesperación de ella por no encontrar trabajo y de él por no saber si iba a poder mantener el suyo les ponían en una situación de miedo y tensión que les empujaba a tener que desfogarse diciendo cosas duras que hacían daño al otro. A su madre, Lola, le fue más duro hacerse a la idea de que su hija se fuera tan lejos, pero aunque intentó cambiarla de idea, le resultó imposible. Al final acabó entrando en razón y entendiendo que su hija no se iba a ir, sino que la echaban del país al no tener oportunidad de acceder a ningún trabajo.
Finalmente, llegó el día en el que Libertad iría a Inglaterra, ya que había encontrado una oferta de trabajo en ese país. Sería camarera de un hotel con un contrato precario, pero todas las ofertas que encontraba eran de ese estilo.
En el aeropuerto se despidió calurosamente de Lola y de Carlos, pero dedicó más tiempo en despedirse de Oriol. El pequeño de seis años era un mar de lágrimas. Libertad, con el alma partida, le dijo una cosa que no olvidaría en su vida.
—Cariño, me voy como la abuela junto al abuelo tuvo que irse en su día. Sus razones eran otras, pero al igual que ellos, no tengo otra opción que el exilio. Papá también está triste porque me voy, así que cuida de él—el niño se secó las lágrimas con las manos y asintió— y sobre todo, nunca dejes de luchar. Puede que las cosas no vayan siempre como quieras, pero no dejes que te callen por defender en lo que crees  y nunca te sientas rendido. Lucha hasta tu último respiro por tus derechos.

Ya avisaban por altavoz que los pasajeros hacia Londres podían acceder al avión. Libertad abrazó a su hijo para despedirle y se fue rápidamente hacia la puerta de embarque. Ella ya no creía ser Libertad, sino Exiliada. Cerró sus ojos llenos de las lágrimas que se había aguantado ante su hijo y se prometió a ella misma que algún reconquistaría la felicidad que le habían robado.

domingo, 27 de abril de 2014

San Juan Pablo II, el Papa que no era un santo

Aunque de asuntos vaticanos no me gusta hablar, tanto por mi ignorancia como mi desdén a ellos, hoy los acontecimientos me empujan a meterme en un tema tan controvertido como es la canonización de dos papas.
El Papa Bergoglio tenía prisa y al canonizar a Juan XXIII también ha hecho Santo a Juan Pablo II, pues al parecer los tiempos para santificar a un Papa son muy largos. Insisto en mi profundo desconocimiento acerca del tema.

No sé cómo fue Juan XXIII y si realmente fue tan bueno o no, ya que no soy historiador ni mucho menos experto en teología. No obstante, sí soy una de las tantas personas a las que les consume por dentro que un Papa como Juan Pablo II siga siendo alabado varios años después de su muerte.
Se apoyó desde el primer momento en los Estados Unidos y el capitalismo para luchar contra la expansión del marxismo por el mundo, cualquiera que fuera su forma. Así fue que incluso visitó Chile en tiempos de la dictadura de Pinochet, quien arrebató la democracia a su pueblo por medio de un golpe de estado armado que quitó al gobierno legítimamente electo del socialista Allende.
Juan Pablo II con Pinochet

Este pontífice fue quien vio el surgimiento del VIH/Sida y los primeros años de la pandemia, pero ello no le dio pie para cambiar el punto de vista de la Iglesia contrario al uso de anticonceptivos, sino que se reafirmó en su tesis. Su discurso anti-condón tuvo especial efecto sobre África, el continente que más ha padecido la plaga, pero donde también faltaban más medios para no contraerla, por lo que esta perspectiva escandalosa e ilógica sobre los anticonceptivos por parte del Vaticano sólo podía tender a acentuar las cuotas de transmisión en muchos de los países africanos de mayoría cristiana.
Vio cómo la iglesia perdía fuelle en su mensaje de odio a los homosexuales, pero tampoco cambió de parece en ello. Mantuvo el mensaje de rencor contra lesbianas y gais, defendiendo a las relaciones sexuales como el fin para la reproducción, negándolo como un acto de amor o afecto y manteniendo a muchos homosexuales católicos fuera de la Iglesia.

No obstante, si hubo un tema que no trató fue el de la pederastia dentro de la propia Iglesia Católica, ni pidió perdón por el daño causado por parte de algunos de los miembros de la iglesia que abusaron de niños. Con el tiempo se ha conocido que incluso podría haber encubierto casos de pederastia, tal y como parece que hizo con el fundador de una congregación mejicana, Marcial Maciel.


Con todo esto, no parece muy acertado santificar a un papa que representó a una de las alas conservadoras del catolicismo durante más de treinta años. Parece que el Papa Bergoglio intenta dar un tímido paso de respeto y acercamiento a la sociedad en su discurso, pero por otra parte con algunas de sus acciones como la de beatificar a Juan Pablo II o la de designar como cardenal al obispo que poco después trataría en una entrevista a la homosexualidad como una “deficiencia tratable” da a entender que su discurso de tolerancia es mera publicidad que no tiene nada que ver con lo que realmente pone en práctica.

domingo, 13 de abril de 2014

Por un modelo de estado federal, por la Tercera República

El régimen del 78 puso a la constitución como un punto final, como si los problemas en España acabasen ahí, pero no ha solucionado los problemas de la gente a largo plazo y nos encontramos en una crisis política, económica, social y territorial sin precedentes. Debido a ello, cada día somos más los que creemos que de este régimen capitalista gobernado por oligarcas sólo se sale por medio de un proceso constituyente republicano que vuelva a empoderar al pueblo.

 Un nuevo modelo de estado no puede ser sólo la causa de  un problema de singularidades territoriales, sino también como un problema de representación social, en el que la clase trabajadora queda infra representada por los lobbies económicos y religiosos, que pese a ser el 1% de la población han conseguido un poder aplastante dentro de las instituciones gracias a puertas giratorias y a favores de dudosa legalidad que han desencadenado a corruptelas mayúsculas dentro del bipartidismo, que han llevado a la mala gestión e incluso a la ruina de algunas autonomías como el País Valenciano.

Izquierda Unida realizó una conferencia el 1 de febrero de este año para especificar cómo tendría que ser ese nuevo modelo de estado. A tenor del documento que se definió, voy a intentar resumir lo máximo posible cómo tendría que ser la Tercera República Española según éste y algún comentario propio con el objetivo de que se entienda lo mejor posible. Debido a la extensión del texto y la complejidad de algunos asuntos que trata, voy a hablar del modelo de estado basándome en sus partes más explicativas para tener un conocimiento general de lo que se quiere alcanzar, animando a cualquiera que quiera saber con más detalle a leer el Documento de la Ponencia, el cual es muy interesante, pero debido a la profundidad que alcanza, me ha sido difícil sintetizar algunas de sus partes más detalladas[1].

ESTADO  FEDERAL, SOLIDARIO Y PLURINACIONAL
En España sería imposible un sistema centralista que tomase todas las decisiones desde Madrid, al menos no en un proyecto democrático de país, ya que durante toda nuestra historia esta concentración de poderes solo se ha podido hacer mediante el autoritarismo,  la eliminación de toda libertad civil y la subordinación al tirano de turno, ya fuese Felipe V, Fernando VII, Primo de Rivera o Francisco Franco.

Por ello, este estado debe encontrar una vía intermedia entre estado unitario y confederación. Esta vía intermedia la encontramos en el federalismo, que permitiría tener una serie de leyes y competencias comunes (Código Penal, Estatuto de los trabajadores, Relaciones Internacionales…), pero al mismo tiempo un conjunto de legislaciones y jurisdicciones dentro de cada uno de los estados no soberanos que compongan la federación.
El federalismo hace posible la democracia y la participación ciudadana, el autogobierno local y regional, la cooperación y solidaridad internacional, el respeto e integración de distintas identidades, la compatibilidad a la autodeterminación como nación sin tener que abandonar un espacio político y social común.

Hay que resolver la necesidad histórica de dar una respuesta democrática al carácter plurinacional del estado español.  Todo ello dentro de una unidad federal, que permitiese el derecho de autodeterminación, pero que entendiese al estado como una unión hecha por la suma de territorios y no una unión hecha por acontecimientos históricos lejanos que poco o nada tiene que ver con las reclamaciones territoriales actuales.
Se deben reconocer siempre las múltiples sensibilidades nacionales que pueda haber, pero nunca entendiendo el patriotismo como excusa y gran mentira para enfrentar a regiones cuando la lucha nunca ha sido territorial, sino de clases. Hay que sostener que hoy es esencial que la ciudadanía y la mayoría social trabajadora, desde una perspectiva social y de clase, ejerza el derecho a decidir en defensa de sus derechos políticos, sociales y laborales.

Hay que defender un modelo de estado que permita acomodar el pluralismo de identidades, capaz de tener un discurso común que reconozca la diversidad y que permita la convivencia en un mismo territorio de personas con distintas concepciones sobre la nación a la que pertenecen.
En particular, una reforma constitucional debería abordar:
  1. El reconocimiento expreso del carácter plurinacional y pluricultural del Estado.
  2. El reconocimiento de la cooficialidad de todas las lenguas españolas y el derecho de todos los ciudadanos a conocerlas y utilizarlas.
  3. El reconocimiento de los derechos lingüísticos como uno de los derechos fundamentales.
  4. El reconocimiento a los derechos de los inmigrantes, tanto a la integración social como a mantener su propia identidad cultural.
  5. Fijar el principio de que la pluralidad nacional, cultural y lingüística sea contemplada como un valor a considerar en el sistema educativo y en los medios de comunicación públicos, como fin de integración de los pueblos, pero también como acto para promover los lazos de fraternidad entre las distintas regiones.


REPÚBLICA COMO SINÓNIMO DE ESTADO SOCIAL Y RADICALMENTE DEMOCRÁTICO
Una tercera república debería constituirse como un modelo profundamente social que actuase como un frente contra el actual desmantelamiento de la democracia y de los derechos sociales y laborales que los poderes económicos están ejecutando.
Hay que dar lugar a un proceso constituyente concebido como herramienta democrática para ejercer el derecho a decidir desde una perspectiva social y de clase. Este proceso debe provocar una ruptura con el sistema político y económico que a la mayoría social nos está estrangulando. Hace falta cambiar las reglas de juego y empoderar a la ciudadanía a través de un sistema democrático participativo, que no se limite a tan sólo votar cada cuatro años.
El proceso tiene que ser anticapitalista, republicano, que recupere la soberanía popular, antiimperialista y feminista. Debe partir reconociendo la superación de la constitución de 1978, que ha quedado obsoleta, y denunciando la forma en la que se hizo la mal llamada Transición, la cual es culpable de muchos de los problemas que tenemos actualmente en este país.
Hay que pensar en un proyecto basado en la Justicia social, que fomente el empoderamiento de las personas y desarrolle una política didáctica y cercana, que permita que todos puedan hacer política.
Se defiende un estado republicano, ya que una monarquía nunca será 100% democrática. Un individuo no puede ser el jefe del estado por sucesión hereditaria sin haber sido elegido directa, a través del electorado, o indirectamente, a través del poder legislativo.
Creemos en la igualdad y asumimos la tradición de la democracia representativa, pero también entendemos que también hay que trascenderla, porque también asumimos la tradición republicana de libertad como emancipación individual y colectiva por medio de la participación, entendiendo ésta como la soberanía que reside en la ciudadanía, la pluralidad, la igualdad legal y efectiva y la solidaridad entre pueblos que promueve la justicia para todos.
El federalismo debe ser solidario, por ello también tenemos que alcanzar la igualdad en el sistema fiscal y de financiación, concertado multilateralmente, que permita que cada persona tenga una carga fiscal distinta según su renta y reciba según sus necesidades, independientemente del lugar donde resida.
El sistema fiscal y de financiación debe garantizar como objetivo irrenunciable que cualquier ciudadano reciba la misma calidad de servicios básicos, los mismos derechos y las mismas prestaciones.
En la actualidad los partidos institucionalistas (PP, PSOE, CIU y UPyD) se siguen apoyando en que la soberanía reside en el pueblo, ya que lo pone en la constitución, pero en la práctica lo que realmente aplican es el principio del despotismo ilustrado de “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. Contra esto sólo se puede luchar empoderando a la ciudadanía del mayor número de medios de participación para decidir sobre su destino.
La república que propugnamos debe contemplar, entre otros, los siguientes aspectos:
  1. Introducción de referéndum vinculante (Ahora es meramente consultivo), que pueda ser convocado por cualquier gobierno, ya sea estatal, regional o local, o mediante Iniciativa Popular.
  2. Exigencia de referéndum para cualquier tipo de reforma constitucional a petición de un número determinado de electores, para evitar así cambios en la carta magna como el que pactó PP y PSOE en el artículo 135 que supuso la obligatoriedad de pagar la deuda antes que cualquier servicio social.
  3. Desaparición de los límites para presentar una Iniciativa Legislativa Popular y disminución del número de firmas necesarias, estableciendo porcentajes razonables.
  4. Reforma electoral para asegurar la participación y la representación proporcional en todos los ámbitos. Tanto en elecciones a parlamentos autonómicos como a nivel estatal la circunscripción provincial debe desaparecer, ya que no es proporcional y permite que el bipartidismo pueda tener mayoría absoluta con menos del 45% de los votos, tal y como pasa actualmente.
  5. Garantía de responsabilidad de todos los cargos públicos, eliminando aforamientos e imponiendo la transparencia de ingresos. Incompatibilidades rigurosas para evitar la famosa “Puerta Giratoria” y limitación de mandatos.
  6. Igualdad de acceso a cargos públicos de hombres y mujeres, exigiendo mecanismos que garanticen la composición paritaria de las instituciones.
  7. Independencia de los medios de comunicación públicos, con criterios de funcionalidad y pluralidad, bajo control ciudadano.
  8. Transparencia absoluta de toda institución pública y acceso de los ciudadanos a todos los datos y documentos que garanticen la plena transparencia.
  9. Financiación transparente de los partidos políticos con cuentas accesibles para toda la ciudadanía.

L-A-I-C-I-S-M-O
Los poderes públicos han de respetar con el máximo rigor la libertad de las personas, en particular en relación con su opinión, su conciencia y sus creencias religiosas, filosóficas y políticas, y también han de garantizar el derecho a la diferencia, la pluralidad cultural, lingüística e identitaria.
Aunque se tengan que compartir una serie de valores, nadie podrá obligar desde las instituciones a pensar de determinada manera. El estado debe ser neutro ante las distintas opciones religiosas.
España debe pasar a ser de verdad, y no sólo en la práctica, un Estado laico. El nacionalcatolicismo dejó demasiados restos en lo que vino después. En un estado no confesional no puede estar la iglesia presente en las escuelas, estar financiada por el estado, ejercer funerales de estado ni estar presentes en actos realizados por entes públicos. Aún más cuando la Conferencia Episcopal Española sigue manteniendo un mensaje de odio contra personas por su sexo, sexualidad o por su estilo de vida.

ESTRUCTURA DEL ESTADO FEDERAL
  •  El estado federal deberá actuar como una unidad en asuntos internacionales.
  • Deberá existir una unidad político-constitucional, al poseer un ordenamiento constitucional propio por encima de cualquier otra ley y al tener órganos federales que dicten una legislación federal para todo el conjunto de la Federación.
  • Tendrán que existir órganos jurisdiccionales propios, que permitan el control de la constitucionalidad.
  • Estructura bicameral que permita la representación de toda la república, pero a la vez también figure la representación de sus estados miembros.
  • Posibilidad de varios tipos de poder ejecutivo.
  • Existencia de un Tribunal Superior Federal para resolver los conflictos con arreglo al Derecho que se produzcan en la federación y  sus estados miembros.

CARACTERÍSTICAS DE UN ESTADO FEDERAL Y PUESTA EN MARCHA
Así con todo lo expuesto, el Estado federal, republicano, plurinacional y solidario debe basarse en la voluntad popular expresada por el pueblo y su libre adhesión a la forma política resultante de la creación del Estado Federal. El pacto de constitucionalidad daría a las autonomías en la constitución un principio de cosoberanía junto al Estado Federal, por lo que el reparto de competencias se realizaría de manera bilateral y no podría ser modificadas o suspendidas sin el consentimiento de ambos.
Habrá igualdad de derechos en los Estados federados el pacto entre sus representantes territoriales será un pacto entre iguales y se respetará la cosoberanía de las unidades federadas en su pluralidad y diversidad.
Se imposibilitará que haya involuciones en materia de derechos y libertades en cualquiera de los estados federados y se concretará el carácter solidario entre territorios. Además, se incrementará el poder político y la capacidad financiera de los municipios para una justa correlación con el resto de poderes que integrarán el estado. Éstos también estarán controlados para que sus ingresos sean dirigidos a sus competencias.
El modelo federal debería basarse en el principio de federalismo plural basado en el autogobierno, estableciendo tres tipos de acuerdos federales:
  1. Regulación normativa, institucional y constitucional de la pluralidad nacional de España a nivel de federación.
  2. Establecimiento de una serie de acuerdos en la regulación de los aspectos decisivos para el reconocimiento o autogobierno de entidades nacionales no estatales.
  3. Regulación de acuerdos de carácter simétrico con el resto de aspectos del autogobierno.


En el terreno del poder judicial se podría optar por dos poderes judiciales (Poder judicial federal en las materias del derecho federal y Poder judicial federado para tratar las materias de los estados federales) o por un único Poder Judicial, donde el estado federado conozca las distintas situaciones, ya sea competencia de la federación o de los estados federados. La elección del tipo de Poder Judicial deberá plasmarse en una futura ley del Poder Judicial federal.
El senado federal es el elemento del texto al que le veo mayor complejidad, ya que hay que resolver si será parte de las Cortes o si será independiente del Congreso, siendo dos cámaras separadas, cuál será el número de senadores y cómo se eligirían.
Hoy por hoy, mientras que unos no hablan y otros hablan vagamente de un federalismo monárquico que nunca han mencionado hasta que han visto las orejas al lobo, considero la alternativa republicana de IU como la mejor en todos los aspectos, ya que desarrolla todos los asuntos importantes que tendrían que llevarse a cabo para constituir la tercera república, pero deja muchos temas abiertos, aunque desarrollados, para que se puedan definir en el tiempo y sean fruto de un consenso político más amplio.

[1] En el documento también se habla del Tribunal Constitucional y la política local. Además de desarrollar en profundidad la mayoría de los temas que acabo de resumir.




jueves, 20 de marzo de 2014

Lo dejó todo atado y bien atado

El 22 de julio de 1969, Franco designó a Juan Carlos I como su sucesor, afirmando que este paso era necesario para que todo quedase “atado y bien atado”.
Treinta y cinco años después de su muerte, me atrevo a dar la razón al tirano, pues creo que se ha demostrado (Y se sigue demostrando) que ese paso era necesario para dar vida al régimen después de la muerte de su fundador.

­En 1976, cuando Juan Carlos ya había llegado al poder y antes de que hubieran tenido lugar las primeras elecciones legislativas, se designó a Adolfo Suárez, que perteneció al régimen de Franco, siendo director de TVE e incluso secretario general de la Falange Española. Así, Juan Carlos se aseguraba alguien próximo al régimen para poner “la primera piedra” de su proyecto de país. A él se le confirió la tarea de dar carpetazo al periodo nacionalcatolicista para montar las primeras elecciones democráticas: Todo ello con el sistema electoral con circunscripciones de pequeño tamaño, que limitaba la pluralidad del parlamento y permitiría el asentamiento de un bipartidismo clásico apoyado por la derecha catalana y vasca, en detrimento de partidos de izquierda que pudiesen suponer una amenaza al Statu Quo.

El proyecto monárquico juancarlista quedó asegurado cuando la UCD, un partido compuesto en su mayoría por franquistas supuestamente convertidos en demócratas y liderado por el propio Adolfo Suárez, ganó las primeras elecciones. Esto le permitió a Suárez promulgar una ley de amnistía, que no significaba otra cosa que los crímenes del franquismo no iban a ser perseguidos y que aquellos guardias civiles, policías y otras fuerzas del estado culpables de asesinatos y maltratos a los opositores del régimen quedaban absueltos de sus crímenes y que se morirían cómodamente en sus camas.
Además, a través de los acuerdos de la Santa Sede se perpetuó el poder de la iglesia católica, pese a haber sido coautora y máxima defensora del franquismo. Permitieron que tuviese sus fuentes de ingreso aseguradas por parte del estado, así como dejar que la religión siguiese estando presente en la educación.
La familia Franco tampoco vio una merma en su estilo de vida. Su riqueza ilegítimamente obtenida y fruto del expolio nacional no fue confiscada, es más, fueron premiados por el mismísimo rey, otorgando a la mujer del fascista el título nobiliario de duquesa de Franco, quien gozó de una alta pensión vitalicia hasta su defunción.
Con los años, estos arreglos se mantuvieron y permanecieron intocables. El PSOE, que cada vez se constituía más como parte del problema, no se atrevió a tocar nada de lo que anteriormente había hecho la UCD y en el gobierno de Felipe González incluso continuó creando colegios concertados con la iglesia, reforzando el poder y fuerza del ente adoctrinador.
Así, luego con el paso de Aznar, Zapatero y finalmente Rajoy, la situación quedó prácticamente igual. Con una ley para la recuperación de la Memoria Histórica del gobierno Zapatero que no marcha y mantiene a miles de muertos republicanos de la Guerra Civil en las cunetas.

Los torturadores del franquismo o bien se han muerto por viejos o siguen vivos, pero no juzgados. Es el caso de Billy El Niño, en el que ha tenido que venir una jueza argentina para juzgarle porque aquí nadie se atreve a ello y aún así se intenta burocratizarlo todo desde la justicia española para no extraditarle.
Pero no nos vayamos a viejas glorias del pasado, también se puede ver muchas cosas con personas del presente. Bien es conocida la actitud de algunos de las nuevas generaciones del PP que este verano salieron revestidos con banderas franquistas y símbolos fascistas y que, por cierto, no han sido expulsados ni expedientados en su partido. Pero para entenderlo, también hay que tener en cuenta que el Partido Popular, fundado por el ministro franquista Fraga, no ha condenado jamás los crímenes del franquismo.
Los que se hicieron ricos por pertenecer al bando nacional, no sólo los Franco, siguen siendo ricos, formando a veces parte de la misma oligarquía que nos dice que nos apretemos los cinturones cuando ya estamos asfixiados.

El Rey no es menos, sigue siendo una persona intocable desde la constitución del 78, que le blinda frente a cualquier delito, y se ha constituido como la figura de mantenimiento del régimen indecente impuesto desde la transición que los poderes fácticos no desean tocar e incluso  intentan que ni su hija pueda ser juzgada en los tribunales por corrupción por miedo a que “el intocable” esté aún más puesto en el punto de mira.

Pese a todo, asesinos, cómplices y herederos siguen ahondando en la herida, dando a entender a día de hoy que sigue habiendo vencedores y vencidos, vencedores convertidos en supuestos demócratas que nos imponen leyes mordazas e imposiciones religiosas faltas de cualquier tipo de moral y vencidos, que pese a nunca haber tenido nada, siguen siendo las víctimas de una superestructura bien cimentada.