domingo, 10 de febrero de 2013

Cena importante


Nada mejor que una sonrisa como las que Diego siempre me produce, es verle y mi corazón empieza a latir como si se tratase cada una de nuestras citas, el momento más importante de toda mi vida. Quizás sea porque es así y tras cuatro años de novios, cada momento intento impresionarle más y enamorarle hasta los confines del universo.Hoy es otro día para seguir con mi plan de seducción perpetua. Hemos quedado en nuestro restaurante favorito, aquel donde hace cuatro años atrás habíamos comenzado esta perfecta historia de amor.
El sitio promete una velada perfecta con mi hombre perfecto, o mejor dicho, el hombre más perfecto de todos. Tras dos horas delante del espejo probándome camisas, jerseys, zapatos hasta pasar todo el armario por mi cuerpo, salgo de casa para coger el taxi que me llevaría al restaurante. En mi trayecto veo todos los ambientes distintos que se pueden respirar en esta ciudad. Desde el barrio obrero, donde puedes ver tanto a una humilde anciana que venía de comprar del mercado como a un joven extranjero ,que probablemente por una deuda con la mafia, se dedica a robar a esa viejecita en un momento de despiste de ésta, hasta la Gran Calle, donde lujo, glamour y riqueza se mezclan a partes iguales. El taxista es de los que me gustan, callado, atento al pasajero si él solicitaba algo y aseado, requisitos que se pueden pedir de cualquier profesional, pero el mundo del taxi es un mundo aparte. El 80% de los taxistas que me han tocado a lo largo de mi vida han sido ariscos, habladores, metomentodos, fachas (Con la Cope siempre sintonizada), fantasmas, sucios, bordes, criticones o todo ello junto en una misma persona. Por ello doy las gracias que esta noche me haya tocado con ese conductor tan normal, ya que sé y siento en el corazón que me va a decir algo importante. Creo que por fin me va a pedir matrimonio, últimamente está tan nervioso delante de mí, como si quisiese decirme algo y no se atreviese. Pero de hoy no pasa que me diga eso que sé que me tiene que decir y por ello llevo algunos de mis mejores trapos: Unos zapatos negros hechos a mano por una conocida marca de moda milanesa, unos pantalones beis, una camisa azul cielo y una fina chaqueta de color azul oscuro. Iba formal pero no demasiado, dando importancia a la cita, pero tan sólo en una pequeña proporción como si se creyese que no me huelo todo el pastel.
Respiro silenciosa y profundamente, quiero estar calmado cuando me vea Diego, no quiero que me vea raro y no me vuelva a decir nada, llevo semanas así, es un completo sinvivir que no quiero que se prolongue más. 
-Caballero, ya ha llegado a su destino -Dice el taxista interrumpiendo mis pensamientos- Ah, sí tome, quédese con las vueltas- Le doy veinte euros y salgo del vehículo, expectante de lo que me aguardaba la noche.
Finalmente entro en el restaurante donde le veo sentado en una de las mesas saludándome. Voy hacia allá hasta que me acerco a él y beso sus finos y delicados labios. La velada es tan buena como él mismo. Historias, anécdotas del trabajo y risas varias armonizan la cena hasta que a la mitad del segundo plato ,que en mi caso es un filete de pez emperado delicioso, se produce un silencio y él me mira a los ojos y seriamente me empieza a hablar. 
-Carlos, no sé si lo has notado pero últimamente he estado sintiendo cosas más fuertes que antes no sentía igual.- Me dice mientras me atraviesa con su castaña mirada -Y te tengo que decir una cosa con urgencia, ya que yo siento que si no te lo digo ya voy a explotar- Entonces le interrumpo con un tono amable como si entendiese todo lo que vaya a decir -Tranquilo Diego, dime todo lo que tengas que decirme, no tengas miedo. -Está bien- Dice tras garraspear para aclarar su voz y dar importancia a lo que dice a continuación. -Te quiero, te quiero Carlos, lo siento tanto en mi interior que cada día que estoy sin saber lo que tú sientes por mi, una pequeña parte en mi interior se muere. -¿Qué? -Le contesto sorprendido. -Que te quiero- Me dice vocalizando cada sílaba como si se le fuese la vida en ello.
Me quedo impresionado ¿Sólo ha montado todo ésto para decirme que me quiere? Pues le voy a contestar y me da igual lo que piense porque quien hablará será mi corazón. -Diego, yo también te quiero, con locura, esperaba tantísimo que ya por fin me lo dijeses- Las lágrimas se salen de mis ojos, estoy tan emocionado. Él se acercá a mí y me da uno de esos besos tan eternos y profundos que nunca quieres que acaben. Tan enfrascado en mis pensamientos estaba, que creía que ya llevábamos años felices juntos, despertándome con un suspiro cada mañana, pero no es así porque ésta realmente es nuestra primera cita de hace cuatro años. Es el inicio de algo nuevo, un completo mundo nuevo y mágico junto a ti.

sábado, 9 de febrero de 2013

Una mañana confusa

No sabía qué había pasado, tan sólo notaba que había bebido más de la cuenta. Le dio confianza al alcohol y éste se apoderó de su cuerpo, haciéndole no recordar nada de las últimas horas. Sólo sabía una cosa, había llegado a casa sano y salvo y había sido capaz de entrar en su dormitorio para dormir en su querida cama.
Tras unos segundos de estiramiento de brazos y un pequeño gemido, mezcla del cansancio que aún tenía y el dolor de cabeza producido por la resaca, sintió la presencia de alguien a su lado. Con cara de susto, miró hacia su izquierda, de donde provenía una respiración profunda. Allí estaba dormido un chico bastante atractivo, de unos veinte años, moreno con melena rojiza. Estaba completamente desnudo, tan sólo cubierto por una fina sábana que prudentemente había ocultado sus partes íntimas. Al verle, se asustó aún más, no tenía ni idea de qué hacía ese tipo ahí, tenía miedo de haber hecho una locura.
Se levantó y se puso nervioso, dando vueltas por la habitación, hasta que con uno de sus pies pisó un condón usado. Entonces se calmó, al fin y al cabo había pasado, o al menos suponía, una gran noche y por lo que el preservativo lleno de líquido blanquecino mostraba, no corrió ningún riesgo.
Acto seguido, cogió el condón con dos dedos y empezó a mirar el semen de su interior. Tenía una extraña afición a mirar cuánto se había corrido o se habían corrido, pero esta vez el interés aumentaba al ser absoluto su desconocimiento acerca de quién de los dos provenía la sustancia lechosa. Estuvo un buen rato mirando el condón intentando averiguar si era capaz de reconocer su semen, pero la tarea parecía imposible. De pronto el chico atractivo, al que “había dejado rendido” en su cama, convirtió la fuerte respiración en graves ronquidos, lo que hizo que saltase del borde de la cama donde se había sentado.
Dejó el “¿Quién es quién?” versión lefa, y se fue a la cocina, dejando al querido invitado sólo con sus ruidos. En la cocina lo primero que hizo fue tirar el preservativo a la basura y lavarse sus lubricadas manos. Se preparó un café, el cual acompañó con un apetitoso ibuprofeno que le ayudaría con su resaca. Ya más aliviado, pareciendo que el dolor punzante de su cabeza se había esfumado gracias a la pastilla que se había tomado, intentó de hacer memoria de lo que había pasado esa noche. Sólo se acordaba de su último episodio sobrio, cuando la discoteca a la que fue con un par de amigos se llenó de espuma, la cual casi le estropea su quinto cubata, que fue el que finalmente le hizo efecto.
Lo máximo que llegó a recordar tras eso fue cómo se besaba con el chico que ahora estaba en su cama, cómo le cogió el culo y cómo le tocó el paquete. Todos sus recuerdos estaban cubiertos con una fuerte niebla, pero él sonreía, si algo sabía era que esa misma noche había triunfado.

sábado, 2 de febrero de 2013

Motivos.

Tanto tiempo sin estar así, tanto tiempo sin sonreír que no me lo creo. ¿Qué demonios pasa? ¿Cómo has llegado? ¿De dónde vienes? ¿Dónde has estado antes?
Tantas preguntas me hago, tan pocas respuestas sin contestar que ya no sé si algo de aquí es real o tan sólo un simple sueño de azúcar del que en cualquier momento despertaré.
Lo único que quiero es que ésto siga en el tiempo, que no se acabe y vaya a más. Estar contigo, besarte, abrazarte, llegar a quererte y seguir suspirando por ti.
Ayer por cada beso que me diste y por cada mirada que me lanzaste, me diste un motivo más para querer tenerte en mi vida.

miércoles, 2 de enero de 2013

2013 y aquí seguimos

Nada para, ni los mayas ni la propia acción humana han parado el pasar a otro año. El trece no me ha dado buena suerte en el 2012 y no es porque sea supersticioso, sino que múltiples cosas malas que me han pasado han coincidido con el número 13.
Pero aún así seré positivo, puede que sea 2013, pero tan sólo es una cifra que no debe influir en mi vida porque si crees que todo saldrá bien es lo importante.
Por ello, feliz 2013 a todo aquel que se lo merezca.