Por la mañana parecía que todo había oscurecido. Fui a ver a Mara, que la dejé durmiendo en mi cama mientras que yo dormí en el sofá. Estaba despierta con la cara llorosa, se notaba que había dormido muy poco tras lo que había visto el día anterior. Seguimos sin salir durante todo el día, estaba muchísimo peor que ayer, parecía que la escena de Luz con el prometido de una de sus mejores amigas cada vez ahondaba más en ella sin dejarla apenas pensar.
Yo no sabía qué hacer. Estaba mal y lógicamente no la iba a dejar sola, pero sabía que tenía que intentar sacarla de allí. Aunque por otro lado era una locura, en un pueblo tan pequeño te encuentras a todo el mundo, era inevitable que viese a Luz, a Erio o a Elisa, o incluso peor y ver a Elisa y Erio juntos, mientras ella caminaría felizmente enamorada con su prometido sin saber que el hombre en el que tanto confia es tan sólo un canalla mujeriego.De tantas ideas que venían a mi cabeza al final opté por dejar que ella fuese quien me dijese lo que quisiese hacer. Como era de esperar no quiso salir en todo el día.
En esa casa había unas cartas que nos sirvió para hacer algo que no fuese hablar acerca del tema. Puse en el reproductor el vinilo de Light me up de The Pretty Reckless, el cual me lo compré intencionadamente en Madrid para escucharlo allí. No sé a cuántos juegos de cartas diferentes pudimos jugar esa tarde, llegó un momento en el que perdí la cuenta.
En un momento de esa mañana-tarde-casi noche escuché el típico tono estridente de la melodía de Nokia, no había duda de que era mi móvil, así que me levanté a cogerlo. -¡No mires mis cartas que estoy atento! Le dije a Mara y ella me volvío a dar una de esas sonrisas de preocupación disfrazada con alegría.
-¿Sí? Contesté al teléfono. -Hola Leo, soy Gabi ¿Qué tal las vacaciones?, no sabemos nada de ti. -Hola Gabi, pues aquí estoy en Asturias, bastante bien, el tiempo es raro, pero por lo demás todo está genial. -No te entiendo, te has ido de vacaciones con tus padres, no te conectas a WhatsApp y te lo estás pasando bien ¿Hay algún chico por ahí? ¡Pillín! -¡No! Bueno ya me gustaría, simplemente me estoy tomando las cosas tranquilamente. Casi se me olvida la mentira que les dije a mis amigos de que se trataban de unas vacaciones familiares y a mi familia de que eran unas vacaciones con amigos para ahorrarme dar explicaciones de por qué me iba solo. -Sí, tómate las cosas tranquilamente ahora que puedes. -¿Pasa algo? Pregunté con preocupación. -Sí, pero nada importante, bueno o sí, depende de cómo lo mires, pero no pasa nada, cuando vuelvas a Madrid te contaré todo, ahora disfruta de lo que te quedan de vacaciones. -Vale, ya me contarás, un abrazo,cuídate. Y colgué, preguntándome en todo lo que me tendría que contar, aunque realmente me hacía una idea y provocaba en mí que tuviese aún menos ganas de volver.
Volví otra vez a la mesa redonda azul que había a un lado del salón, donde estaba Mara esperándome para continuar la partida. -Bueno acabamos esta partida y me voy a casa, que quiero descansar en mi cama. Me dijo ella secamente, seguía igual de apagada, ya no sabía qué hacer para animarla. Así que acabamos la partida y la acompañé. Realmente el hostal, donde también vivía su familia además de ser dueños estaba a un minuto de mi casa, pero tenía la sensación que hasta esos pocos pasos en su estado de ánimo se convertían en un mundo para ella. Sabía que ella hiciese lo que hiciese al final, no le iba a resultar fácil porque si se callaba sabía que Elisa sería infeliz con alguien que realmente no le amaba, pero si le contaba a ella todo sabía que Elisa y Luz no volverían a ser amigas en la vida y nada volvería a ser lo mismo.
Tras acompañarla me encontré en la calle a una de esas personas que Mara no debería ver por miedo a la reacción que tendría, esa persona era Luz. -¡Leo! ¿Dónde te has metido hoy? no estabas en la playa y habíamos quedado todos hoy. -Ya, no estaba porque estaba con Mara, no se encontraba bien. -¿Y éso? ¿Qué la ha pasado? -Pues que ver a una amiga follando con el prometido de otra no le ha sentado muy bien. Cuando la dije eso se quedó paralizada con los ojos totalmente abiertos. -¿Cómo nos visteis? Pero si estábamos sólos. -Sí, pero empezó a llover y nos metimos al granero a resguardarnos, yo no os ví, pero ella sí y está muy afectada, no sabe qué hacer. -Vale Leo, piensa lo que quieras de mí, pero yo no lo hice en contra de Elisa, es mi amiga y la quiero, pero él no la quiere, Erio quiere estar conmigo. Al oír eso no pude evitar reírme. -Sí, por supuesto te quiere muchísimo, se ha prometido con su novia y no la ha dejado, si alguien ama a otra persona lo deja con quien está antes, no os quiere a ninguna de las dos tan sólo aprovecha la situación. -No es verdad, él me quiere mucho, me ama. Dijo con las venas del cuello marcadas y a punto de llorar. -Luz, tú sabes lo que tienes que hacer, sabes lo que es lo correcto, no te voy a juzgar, nadie te puede juzgar excepto tú a ti misma.
Me dí la vuelta y regresé a mi casa, no sería quien para decirle lo que le había dicho, pero mis impulsos me vencieron y las palabras salieron de mi boca como si nada.
No volví a hablar con Luz acerca del tema, creo que ya dije demasiado y no era el más adecuado para decírselo.
jueves, 13 de septiembre de 2012
martes, 11 de septiembre de 2012
Vacaciones en el norte (5) "Lluvia"
Hoy era uno de esos días en los que odiaba Asturias. Estaba jugando a las cartas con Mara cuando empezó a caer grandes gotas de agua del cielo. Apenas nos dió tiempo a recoger las cartas e irnos, pasó de ser una tarde soleada a otra totalmente lúgubre.Nos escondimos en un granero, que era el sitio más cercano para resguardarnos. Fuimos corriendo allí, pero de poco sirvió, ya estábamos empapados.
-¡Las cartas no se han mojado! Dije mientras las tiraba al suelo y me goteaba hasta la punta de la nariz. Mara empezó a reírse y yo la seguí, nuestra huída de la lluvia fue extremadamente cómica como para no hacerlo. Fue en ese momento en el que los dos nos callamos, estábamos oyendo unos ruidos dentro del granero, parecían provenir de detrás de un montón de paja que había a nuestra izquierda. Eran gritos y risas de un hombre y una mujer. No tardamos en mirarnos a la cara sorprendidos, no quedaba duda de que al lado había una pareja practicando sexo.
Le hice un gesto a Mara para que nos marchásemos cuanto antes de allí, en cualquier momento podrían salir y no tenía ganas de encontrarme con tal panorama, pero ella sí parecía interés por saber quién estaba al otro lado, así que se acercó sigilosamente a la zona de donde venían todos esos peculiares gemidos. Subió un par de montones de paja que estaban colocados a distintas alturas y asomó un poco la cabeza para ver a las dos personas que estaban allí. Por suerte, estaban a lo suyo y pudo mirar sin que se diesen cuenta de que no estaban sólos.
Tras mirar y bajar de los montones de paja, pude ver su cara, estaba totalmente blanca y parecía que lo que acababa de ver no había sido algo agradable. A continuación salimos del granero y fuimos a mi casa en silencio mientras la lluvia ,aún presente, nos volvía a mojar.
Ya en casa saqué unas toallas para secarnos e hice un poco de chocolate caliente. Mara se sentó en un pequeño sofá verde que había en el salón y allí se quedó pensativa, sin musitar una palabra hasta que aparecí llevando en una bandeja dos tazas de chocolate y unas pastas. -¿Qué pasa Mara? Ya me puedes decir quienes estaban follando, sean quienes sean. Ella me miró a los ojos y rompió a llorar, pero se intentó reponer y me empezó a contar. -Quienes estaban en el granero eran Erio y Luz. -Si Erio estaba prometido con Elisa... vale, mierda. Me quedé impresionado, Elisa y Erio era una pareja que desprendían mucho amor y hace poco que se habían prometido.
-¿Y ahora qué hago yo? Elisa es mi amiga y no quiero que se case con un canalla así, pero Luz también lo es y aunque haya hecho éso no deja de serlo. -Ahora tranquilizate ¿Sabes lo que vamos a hacer? Te vas a quedar a dormir y nos vamos a poner a ver comedias románticas malas con una gran artillería de palomitas. Ella me sonrió debilmente en forma de asentimiento. Estaba muy afectada, era la típica situación de la que te gustaría enterarte el último. Fui a preparar las palomitas, pero ví que no quedaba ni un mísero sobre de ellas, así que avisé a Mara de que salía y bajé al ultramarinos antes de que cerrasen.
Ya en la pequeña tienda me encontré a Micael, llevaba una cesta de compra con muchas cosas. -¡Leo! ¿Cómo va todo? Me saludó con la mano mientras se acercaba a mí. -Hola Micael, pues aquí comprando unas palomitas para ver una peli, que con la lluvia no se puede hacer otra cosa. -Ya, es lo que odio de este pueblo, su clima paranoico, bueno me tengo que ir ya, con la lluvia no me gusta conducir de noche, ya quedaremos cuando vuelva. -Vale, estupendo, que te lo pases bien y ten cuidado. -Gracias, lo tendré. Se fue a pagar y salió rápidamente de la tienda. Cada vez me parecía más atractivo, pero por desgracia igual de heterosexual y por lo tanto igual de inalcanzable.
Compré un paquete de palomitas de mantequilla y volví a casa. Vimos tres comedias francesas. No me gustaba el cine europeo, pero en lo que se refiere a películas de humor los franceses tienen un humor mucho más parecido al nuestro. Ésa noche pensé dónde iría Micael, no me lo había dicho. Era tan sumamente misterioso, que mi interés en qué haría esos días apartó de mi cabeza los cuernos que le habían puesto a la pobre Elisa.
-¡Las cartas no se han mojado! Dije mientras las tiraba al suelo y me goteaba hasta la punta de la nariz. Mara empezó a reírse y yo la seguí, nuestra huída de la lluvia fue extremadamente cómica como para no hacerlo. Fue en ese momento en el que los dos nos callamos, estábamos oyendo unos ruidos dentro del granero, parecían provenir de detrás de un montón de paja que había a nuestra izquierda. Eran gritos y risas de un hombre y una mujer. No tardamos en mirarnos a la cara sorprendidos, no quedaba duda de que al lado había una pareja practicando sexo.
Le hice un gesto a Mara para que nos marchásemos cuanto antes de allí, en cualquier momento podrían salir y no tenía ganas de encontrarme con tal panorama, pero ella sí parecía interés por saber quién estaba al otro lado, así que se acercó sigilosamente a la zona de donde venían todos esos peculiares gemidos. Subió un par de montones de paja que estaban colocados a distintas alturas y asomó un poco la cabeza para ver a las dos personas que estaban allí. Por suerte, estaban a lo suyo y pudo mirar sin que se diesen cuenta de que no estaban sólos.
Tras mirar y bajar de los montones de paja, pude ver su cara, estaba totalmente blanca y parecía que lo que acababa de ver no había sido algo agradable. A continuación salimos del granero y fuimos a mi casa en silencio mientras la lluvia ,aún presente, nos volvía a mojar.
Ya en casa saqué unas toallas para secarnos e hice un poco de chocolate caliente. Mara se sentó en un pequeño sofá verde que había en el salón y allí se quedó pensativa, sin musitar una palabra hasta que aparecí llevando en una bandeja dos tazas de chocolate y unas pastas. -¿Qué pasa Mara? Ya me puedes decir quienes estaban follando, sean quienes sean. Ella me miró a los ojos y rompió a llorar, pero se intentó reponer y me empezó a contar. -Quienes estaban en el granero eran Erio y Luz. -Si Erio estaba prometido con Elisa... vale, mierda. Me quedé impresionado, Elisa y Erio era una pareja que desprendían mucho amor y hace poco que se habían prometido.
-¿Y ahora qué hago yo? Elisa es mi amiga y no quiero que se case con un canalla así, pero Luz también lo es y aunque haya hecho éso no deja de serlo. -Ahora tranquilizate ¿Sabes lo que vamos a hacer? Te vas a quedar a dormir y nos vamos a poner a ver comedias románticas malas con una gran artillería de palomitas. Ella me sonrió debilmente en forma de asentimiento. Estaba muy afectada, era la típica situación de la que te gustaría enterarte el último. Fui a preparar las palomitas, pero ví que no quedaba ni un mísero sobre de ellas, así que avisé a Mara de que salía y bajé al ultramarinos antes de que cerrasen.
Ya en la pequeña tienda me encontré a Micael, llevaba una cesta de compra con muchas cosas. -¡Leo! ¿Cómo va todo? Me saludó con la mano mientras se acercaba a mí. -Hola Micael, pues aquí comprando unas palomitas para ver una peli, que con la lluvia no se puede hacer otra cosa. -Ya, es lo que odio de este pueblo, su clima paranoico, bueno me tengo que ir ya, con la lluvia no me gusta conducir de noche, ya quedaremos cuando vuelva. -Vale, estupendo, que te lo pases bien y ten cuidado. -Gracias, lo tendré. Se fue a pagar y salió rápidamente de la tienda. Cada vez me parecía más atractivo, pero por desgracia igual de heterosexual y por lo tanto igual de inalcanzable.
Compré un paquete de palomitas de mantequilla y volví a casa. Vimos tres comedias francesas. No me gustaba el cine europeo, pero en lo que se refiere a películas de humor los franceses tienen un humor mucho más parecido al nuestro. Ésa noche pensé dónde iría Micael, no me lo había dicho. Era tan sumamente misterioso, que mi interés en qué haría esos días apartó de mi cabeza los cuernos que le habían puesto a la pobre Elisa.
jueves, 16 de agosto de 2012
Vacaciones en el norte (4) "La llorona"
Mara y Luz, una de las chicas que estuvieron en la fiesta de la playa, decidieron hacer una excursión al bosque. Yo quería quedarme en mi casa, necesitaba limpiar y lavar alguna ropa, pero Mara no me dejó que hiciese nada y me sacó ese día de casa bien temprano. Yo me equipé con una mochila de excursión, unas botas para andar, una camiseta, un pantalón de expedición y un palo plegable de plástico que llevaba colgado de la mochila.
Quedamos a las diez de la mañana en la plaza del pueblo. Ellas iban normal, como casi siempre estaban, lo único que las diferenciaba era una pequeña mochila que portaba cada una en sus espaldas. Cuando me vieron primero intentaron contener la risa, pero al final ambas se miraron y sus carcajadas no pudieron parar. -¿Dónde vas así? ¡Que no vamos a la selva! Anda que quien te vea con esas pintas, parece que es la primera vez que vas al campo. Dijo Mara y estuve por decirle que lo más parecido a campo donde había ido en mi vida fue a un camping de Cuenca, pero me callé, ya tenía el cachondeo asegurado con mi atuendo de "Frank de la jungla" versión queer.
Nos empezamos a meter por ese bosque verde, lleno de hayas y recubierto por ese verde asturiano que no muere ni en verano. Cada cosa que veía allí parecía más relajante y mágico, hierba silvestre que parecía estar recién cortada, flores de una diversidad de colores increíbles o pequeños animales que marchaban por toda esa vegetación. Estuvimos andando muchas horas sin parar. Me sentía pesado no sólo por todo el equipaje que me había llevado innecesariamente, sino también por el enorme cansancio de la caminata.
Finalmente nos paramos a comer. Mientras andábamos me contaron la vida de la mitad de los del pueblo y que como buen pueblo que se precie todos eran primos. Yo estuve muy callado durante todo el trayecto, pero al final pregunté por lo que me interesaba. -¿Y cómo es Micael? Parece un chico muy independiente. -La historia de Micael es muy larga, querido. Me contestó Mara y siguió explicándome Luz que parecía ser quien le conocía más. -Micael siempre ha sido el diferente de nosotros, cuando tenía trece años su padre murió, su madre no tenía trabajo y tenía una hermana pequeña, afortunadamente su tío les pudo ayudar a subsistir. Pero su madre se sintió en deuda con él, por lo que a los dieciseis años Micael empezó a trabajar en la mar con su tío y desde entonces él es quien mantiene a la familia.
-Hay una cosa que no entiendo ¿Por qué no se puso a trabajar su madre? Pregunté con gesto de incredulidad, como si hubiese sido una vía muy fácil la que yo había presentado. -En este pueblo hay gente muy cerrada que sigue creyendo en que si su marido muere tienen que estar varios años de luto o lo que es lo mismo estar como una idiota no haciendo nada y sin apenas salir de casa, mis padres le ofrecieron un empleo como cocinera pero lo rechazó. Me quedé sorprendido al escuchar éso, no sabía que en España en pleno siglo XXI quedasen personas tan chapadas a la antigua.
Seguidamente continuó hablando Luz con cierto aire de pena. -Lo peor es que él era el mejor estudiante de la escuela, tenía mucho talento y era muy inteligente, era el único que tenía lo necesario como para triunfar como nadie de aquí lo había hecho nunca. -Él se quiere ir de aquí, cada vez que tiene un par de días coge el coche y se va, si no se ha largado ya definitivamente es por su hermana, a su madre la odia, nunca le ha perdonado que no le permitiese seguir estudiando. Dijo Mara.
-¿Y él no ha tenido ninguna novia? Pregunté sin saber si la pregunta era adecuada, pero me acordé de la chica que el otro día en la playa estuvo intentando ligar con él. -Tuvo sólo una novia, "La llorona". -¿"La llorona"? -Sí, una chica con la que salió hace dos años, estuvieron varios meses juntos, pero un día él la dejó y ella fue corriendo llorando por todo el pueblo, lo malo es que también se la oía llorar desde su casa, estuvo así una semana y finalmente se fue del pueblo, sin saber nadie cómo fue capaz Micael de hacerla tanto daño dejándola. Después todas las chicas del pueblo hemos estado detrás de él en algún momento, pero ha pasado de todas nosotras, lo cual es una pena porque es el chico perfecto.
Me quedé asombrado con la historia, pero dejamos de hablar de ello y empezamos a recoger. Teníamos que andar todo lo que habíamos andado hasta allí antes de que anocheciese. Tras esa conversación me llamó incluso más la atención Micael, preguntándome qué le pasaría por la cabeza a alguien al que tantas patadas le había dado la vida.
Quedamos a las diez de la mañana en la plaza del pueblo. Ellas iban normal, como casi siempre estaban, lo único que las diferenciaba era una pequeña mochila que portaba cada una en sus espaldas. Cuando me vieron primero intentaron contener la risa, pero al final ambas se miraron y sus carcajadas no pudieron parar. -¿Dónde vas así? ¡Que no vamos a la selva! Anda que quien te vea con esas pintas, parece que es la primera vez que vas al campo. Dijo Mara y estuve por decirle que lo más parecido a campo donde había ido en mi vida fue a un camping de Cuenca, pero me callé, ya tenía el cachondeo asegurado con mi atuendo de "Frank de la jungla" versión queer.
Nos empezamos a meter por ese bosque verde, lleno de hayas y recubierto por ese verde asturiano que no muere ni en verano. Cada cosa que veía allí parecía más relajante y mágico, hierba silvestre que parecía estar recién cortada, flores de una diversidad de colores increíbles o pequeños animales que marchaban por toda esa vegetación. Estuvimos andando muchas horas sin parar. Me sentía pesado no sólo por todo el equipaje que me había llevado innecesariamente, sino también por el enorme cansancio de la caminata.
Finalmente nos paramos a comer. Mientras andábamos me contaron la vida de la mitad de los del pueblo y que como buen pueblo que se precie todos eran primos. Yo estuve muy callado durante todo el trayecto, pero al final pregunté por lo que me interesaba. -¿Y cómo es Micael? Parece un chico muy independiente. -La historia de Micael es muy larga, querido. Me contestó Mara y siguió explicándome Luz que parecía ser quien le conocía más. -Micael siempre ha sido el diferente de nosotros, cuando tenía trece años su padre murió, su madre no tenía trabajo y tenía una hermana pequeña, afortunadamente su tío les pudo ayudar a subsistir. Pero su madre se sintió en deuda con él, por lo que a los dieciseis años Micael empezó a trabajar en la mar con su tío y desde entonces él es quien mantiene a la familia.
-Hay una cosa que no entiendo ¿Por qué no se puso a trabajar su madre? Pregunté con gesto de incredulidad, como si hubiese sido una vía muy fácil la que yo había presentado. -En este pueblo hay gente muy cerrada que sigue creyendo en que si su marido muere tienen que estar varios años de luto o lo que es lo mismo estar como una idiota no haciendo nada y sin apenas salir de casa, mis padres le ofrecieron un empleo como cocinera pero lo rechazó. Me quedé sorprendido al escuchar éso, no sabía que en España en pleno siglo XXI quedasen personas tan chapadas a la antigua.
Seguidamente continuó hablando Luz con cierto aire de pena. -Lo peor es que él era el mejor estudiante de la escuela, tenía mucho talento y era muy inteligente, era el único que tenía lo necesario como para triunfar como nadie de aquí lo había hecho nunca. -Él se quiere ir de aquí, cada vez que tiene un par de días coge el coche y se va, si no se ha largado ya definitivamente es por su hermana, a su madre la odia, nunca le ha perdonado que no le permitiese seguir estudiando. Dijo Mara.
-¿Y él no ha tenido ninguna novia? Pregunté sin saber si la pregunta era adecuada, pero me acordé de la chica que el otro día en la playa estuvo intentando ligar con él. -Tuvo sólo una novia, "La llorona". -¿"La llorona"? -Sí, una chica con la que salió hace dos años, estuvieron varios meses juntos, pero un día él la dejó y ella fue corriendo llorando por todo el pueblo, lo malo es que también se la oía llorar desde su casa, estuvo así una semana y finalmente se fue del pueblo, sin saber nadie cómo fue capaz Micael de hacerla tanto daño dejándola. Después todas las chicas del pueblo hemos estado detrás de él en algún momento, pero ha pasado de todas nosotras, lo cual es una pena porque es el chico perfecto.
Me quedé asombrado con la historia, pero dejamos de hablar de ello y empezamos a recoger. Teníamos que andar todo lo que habíamos andado hasta allí antes de que anocheciese. Tras esa conversación me llamó incluso más la atención Micael, preguntándome qué le pasaría por la cabeza a alguien al que tantas patadas le había dado la vida.
domingo, 12 de agosto de 2012
Vacaciones en el norte (3) "Trasgos"
Ya llevaba tres días allí y no conocía a nadie excepto a Mara, sus padres y algunos vecinos. Pero hoy iba a ser diferente, tendríamos fiesta. Era sábado y toda la gente joven del pueblo se reuniría en la playa para pasárselo bien, ya que durante los días normales la mayoría trabajaba en el puerto o fuera del pueblo y no tenían tiempo para relacionarse con el resto. Quedamos a las diez de la noche, iba con Mara porque era quien me había invitado y a la única persona que realmente conocía.
Cuando llegamos nos encontramos con un grupo de chicos y chicas de unas doce personas. Estaban sentados en la arena mientras escuchaban música con el móvil y hablaban entre ellos. En cuanto nos vieron en la lejanía empezaron a saludarnos y entonces me fijé en alguien que había visto ya anteriormente, el chico del que me fijé el primer día. -¿Ése no es..? -Sí, lo es. Me contestó Mara mientras llegábamos al círculo que formaba el grupo.
-Bueno gente os presento, él es Leo, es un poco tímido pero muy majo. Todos me saludaron en el momento. Por su mayoría parecía gente simpática, pero los chicos en su práctica totalidad parecían bastante brutos. Todos menos Micael el chico moreno de ojos verdes que ví el primer día. Era muy guapo y atractivo. Y una de las chicas estaba riéndole todo lo que decía e intentaba coquetear con él. Él sonreía como si estuviese halagado y nada más, pasando un poco de la chica, la cual no se rendía y estaba continuamente mirandole y sonriéndole.
Después jugaron al "Yo nunca" con chupitos de Vodka, yo no bebí, nunca me ha gustado emborracharme la primera vez que quedo con mucha gente que no conozco. Lo bueno de haber estado sobrio toda la noche fue lo que me podía reír de los demás y de las tonterías que decían y hacían mientras estaban embriagados por el alcohol. Uno de los chicos incluso se desnudó y se metío en el agua, aunque la escena me dió mucho asco porque a era el más feo, gordo y peludo de todos ellos.
La verdad es que había momentos en los que me sentía apartado, era el nuevo y muchaas veces no sabía qué decir. -Vaya panda de borrachos están hechos, no saben beber. Era Micael, estaba hablando conmigo, no me lo podía creer. -Si tú también has jugado ¿Cómo que no estás bebido? -¿Tú crees que yo he bebido mucho? Entonces caí en que realmente sólo se había tomado un par de tragos y ya está.
Eran las tres de la mañana y me empezó a contar cómo eran todos los que se habían juntado en la playa. Él despotricaba de esas parejas, estaban toda la vida juntos, pero decía que él no quería nada que le aferrase a ese pueblo y que esperaba poder algún día irse de allí. Le entendí perfectamente, la verdad es que yo también necesité irme una temporada de Madrid porque me ahogaba y supuse que la rutina de un pueblo tan pequeño tenía que agobiarte mil veces más. Él trabajaba en el puerto como pescador, ayudando en la mar a su tío. Éso fue lo único que me contó de él, pero curiosamente no me preguntó nada sobre mí, lo cual agradecí.
Además me contó la historia del trasgo, una especie de duende, que según los mitos hacía trastadas en las casas como cambiar las cosas de sitio o poner nervioso al ganado. Pero me dijo que no tuviese miedo si en mi casa notaba que había uno, ya que no eran malos, tan sólo un tanto traviesos. No soy la típica persona que cree en seres mitológicos o hechos sobrenaturales, pero esa vez fuese por lo convencido que él hablaba o la confianza que me daba, lo único que quería en ese momento era ver a uno de esos trasgos, aunque tan sólo fuese en sueños.
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